Un magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), quien pidió anonimato para no implicarse, señaló que “condenar a (Eric) Volz sólo sería para limpiar la imagen del Poder Judicial de Nicaragua”, porque éste ya no volverá a estar en prisión en el país, pues Estados Unidos no extradita a sus ciudadanos.
La Sala Penal tiene más de un año que realizó la audiencia de casación del caso, pero aún no emite sentencia definitiva. Ningún magistrado ha emitido criterio en este caso, pero Volz insiste en que magistrados sandinistas quieren revocarle la libertad.
Con la publicación de su libro La pesadilla de un gringo, el norteamericano pretende demostrar su inocencia y que las autoridades nicaragüenses no se resistan a abrir una nueva investigación para descubrir quiénes son los “verdaderos asesinos” de la joven Doris Ivania Jiménez Alvarado.
Durante el juicio en contra de Volz, uno de los primeros testigos en declarar fue el oficial Silvio Aguirre, quien declaró que el acusado Julio Martín Chamorro le explicó cómo fue el crimen de Jiménez Alvarado.
Aguirre dijo que Volz y Chamorro llegaron a la tienda de Jiménez, a quien encontraron quitándose el esmalte de las uñas. Volz habría empezado la violencia, llevando a empujones a la víctima hasta una cama, la habría tirado contra una pared, la golpeó y luego la ataron con una sábana en la cabeza. Luego la violaron y la joven murió por asfixia y estrangulamiento.
La coartada de Volz fue que toda la mañana y tarde del día del crimen, 21 de noviembre del 2006, él estuvo en su oficina en Managua, y al mediodía realizó una teleconferencia con el norteamericano Nick Purdy, que estaba en Estados Unidos, y él en Nicaragua se encontraba con el periodista Roberto Castillo.
La juez del caso alegó en su sentencia que los reportes telefónicos ubican el lugar donde están los teléfonos, pero no necesariamente que Volz estaba al frente de esas llamadas y condenó a Volz.
El oficial Aguirre indicó que otro norteamericano, Kent Ross, un inversionista, sabía quiénes mataron a Jiménez, pero a él no fue posible ubicarlo. Mercedes Alvarado, madre de la víctima, aseguró que Ross es amigo de Volz.
En su página web, Volz adelanta que unas señas que tenía en el hombro derecho cuando fue revisado por forenses se las hizo con el ataúd de Jiménez Alvarado, que bien pudo pesar 500 libras, pero la Fiscalía indicó que eran rasguños de la víctima, que se defendía mientras era asesinada.
Volz señala que la foto en el expediente fue alterada para que parezcan rasguños y que a Jiménez no se le encontraron señas de piel en las uñas.
El magistrado Roberto Rodríguez, quien proyectó la sentencia que dejó libre a Volz, se vale de las inconsistencias que hubo en el juicio de primera instancia y corrige algunos errores para evitar que el juicio se anule y comience uno nuevo, a como sugería el magistrado Norman Miranda.
Volz insistió en que estuvo en Managua el día del crimen, pero sólo sus amistades lo corroboraron. Trabajadores de Hertz Rent a Car, donde una asistente de Volz rentó un carro para que éste se trasladara de Managua a San Juan del Sur, se negaron ante la solicitud de la asistente a declarar en juicio que lo habían visto en Managua.
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