A juicio del economista Alejandro Aráuz, el sector agropecuario de Nicaragua enfrenta una serie de debilidades que radican en el limitado acceso que se tiene al financiamiento bancario, pero que responden además a la poca disponibilidad de la cartera de crédito que la banca privada, las microfinancieras y el Estado dirigen a estimular el crecimiento de las áreas de siembra y del hato nacional.
¿Cómo se puede entender la importancia del microcrédito, especialmente en el sector agropecuario, en un país como Nicaragua, donde cada año los gremios reclaman mayor acceso de parte de la banca?
Para responder esa pregunta hay que poner en perspectiva lo que es la característica del financiamiento a la producción en Nicaragua. La economía nacional está dentro de las economías del mundo, de las que recibe el más bajo porcentaje crediticio para producir, no llega ni al 0.5 por ciento del valor bruto de producción de todo el país. Aún cuando la banca de Nicaragua es de las más sólidas y organizadas, la actividad agropecuaria está desprovista de estímulo alguno.
El sector agropecuario recibe anualmente alrededor de 846 millones de dólares en financiamiento, y este año posiblemente sea menos. Yo estoy estimando que disminuya entre 4 y 5 por ciento.
¿Gran parte de ese porcentaje proviene de las microfinancieras o pesa más la colocación de los bancos?
El 15 por ciento del crédito al sector agropecuario procede de las microfinancieras, y el 85 por ciento de la banca formal. Esto cubre apenas el 2 por ciento del valor bruto de la producción agropecuaria, es inmensamente bajo.
Eso significa…
Significa que por cada dólar producido, 20 centavos es lo que se financia. Es muy bajo para generar crecimiento sostenido, cambios cualitativos en la actividad productiva, desarrollo tecnológico y mejorar las expectativas de crecimiento en mediano y largo plazo.
¿A qué, según usted, se debe la desatención en un país como Nicaragua, donde su fortaleza está precisamente en el sector agrícola y ganadero, y que todos los gobiernos de turno han prometido fortalecer?
Hay varios factores. Unos son estructurales, otros de política económica y otros de tradición. En los aspectos estructurales nuestra producción agropecuaria está muy dispersa, casi el 60 por ciento son de pequeños y medianos (productores). Hay un 48 por ciento que no tienen su escritura de propiedad para respaldar un crédito. Esto los vuelven con poca capacidad par ser reconocida y avalada por el crédito.
Por eso programas como la Cuenta Reto del Milenio en el Occidente logró resolver alrededor de 4 mil problemas de propiedad de fincas, y eso permite darle un respaldo jurídico al dueño para poder acceder al crédito. Pero ¿qué pasa con el resto del país? Se encuentra en una situación complicada que no se ha resuelto.
En cuanto a las políticas desde el Estado, ¿tampoco han sido muy buenas para cambiar esto?
Ningún gobierno, incluido el actual, ha podido articular el crédito escaso que se da del sector privado, incluido el que proviene del público, acompañado de tecnología y desarrollo.
Eso implica que no haya un seguimiento estratégico de la actividad productiva, porque el crédito es otorgado por el régimen de confianza histórico del productor, las garantías que sirven de prendas, y el riesgo que se minimiza, porque es un producto que se va a comercializar a corto plazo. Eso sucede con el café, el ganado y los granos básicos.
Cuando los bancos y microfinanzas ven que es un producto que ya tiene garantizado la venta, te lo financia; pero no está acompañado ese crédito de la asistencia técnica necesaria para generar una mayor rentabilidad y densidad económica a los productores.
SEMBRAMOS PARA COMER
Entonces somos un país donde simplemente se da financiamiento para garantizar la comida del año. Eso es un riesgo, porque son mínimos los niveles en que se puede ampliar las áreas de siembra.
Sí, porque esto hace que el productor, a medida que pierde rendimiento, productividad y no está muy bien organizado, entonces la canalización de recursos es ineficiente. Sólo hay seguimiento por parte del banco que otorga el crédito, salvaguarda la prenda y recupera el crédito, y el productor se queda con una ganancia pírrica, o bien con una pérdida o una ganancia que le permita reproducir su producción en el siguiente período de siembra.
Eso es lo que ha estancado la situación productiva de Nicaragua. Porque el coeficiente de crédito es demasiado bajo. Costa Rica anda en 45 por ciento de financiamiento de su actividad agropecuaria, Guatemala anda en 35 por ciento, El Salvador anda en 28, incluso Honduras anda por el doble del nuestro. Tenemos extremadamente bajo el financiamiento al agro para poder generar crecimiento de desarrollo a mediano y largo plazo.
MORATORIA METE RUIDO
¿Y qué papel tiene acá el microcrédito?, porque si eso se da con el productor grande, pero la mayoría en Nicaragua son pequeños y medianos agricultores y empresarios que si bien generan arriba del 70 por ciento del empleo, no logran dar las garantías bancarias.
El fenómeno que se da en el microcrédito es que también reproduce esta situación; falta de sostenibilidad en asistencia técnica. En Nicaragua las microfinancieras prestan alrededor de 250 millones de dólares anuales, de esos alrededor de 124 millones son para actividad agrícola y ganadera, el resto es comercio, servicio y consumo.
Eso indica que el sector agrícola recibe de todo el crédito de la banca, incluida la microfinanciera, el 10 por ciento, y el ganadero el 2.3 por ciento. En cambio el consumo anda en 45 por ciento y el comercial en 30 por ciento.
De seguir esa conducta jamás vamos a salir del estado estacionario y la producción se mantendrá sin alcanzar el desarrollo que requiere el país.
Toquemos el factor de las políticas públicas. ¿Cómo leyes como la recién aprobada moratoria perjudican o ayudan a que fluya el acceso del crédito?
Primero hay que aclarar que la ley (moratoria) no establece políticas de estímulo al sector. Lo que hace es segmentar el mercado financiero. Lo que contiene son decisiones de la Asamblea con el objetivo de minimizar el efecto del endeudamiento que tiene el sector microfinanciero.
¿Es buena o mala para el sistema en este momento?
Esa ley moratoria nunca debió emitirse. Genera ruido al país en general, sobre todo con las negociaciones del FMI (Fondo Monetario Internacional). Sienta un preceden con relación a que cualquier momento que se produzca un efecto más profundo o generalizado respecto al no pago, sienta un precedente que podría resolverse a través de una ley y afectar el sistema financiero.
Eso es lo delicado. Estás interviniendo un mercado financiero, independiente de la falta de ineficiencia para generar respaldo al sector productivo, es un sistema que funciona y con estabilidad, y cuando introducís un ruido como éste, lo que generás es expectativas hacia afuera, porque aumenta el riesgo país a la inversión.
Lo que usted señala va en dirección a lo que han dicho varios sectores. Ya se han dado reacciones de proveedores de las financieras en ese sentido, pero ¿qué puede pasar a corto plazo tomando en cuenta que tenemos encima el próximo ciclo agrícola?
Lo que va a pasar aquí es que la banca será más selectiva, en otras palabras que para poder acceder a un crédito, ya sea en las microfinancieras o en la banca privada, va a tener que dar un respaldo más grande, seguro; y sólo se financiarán aquellas actividades con alta garantía de ser vendidas y recuperadas en corto plazo. Entonces aquellos sectores que van a producir con un riesgo por encima del que se desarrollan estos años enfrentarán una banca restringida.
¿Y el efecto en los niveles de producción?
Será grave. Porque los niveles de cobertura de financiamiento, que ya es muy bajo, serán de menor cobertura y esto disminuiría la rentabilidad de muchos sectores que afectaría no este año, sino los sucesivos la reproducción más ampliada de la actividad agropecuaria en general.
Algunos sectores, como Faganic, confían en que el Banco Produzcamos compense los problemas de financiamiento. Tiene un capital de dos mil 400 millones de córdobas.
El Banco Produzcamos no entra a funcionar todavía, y además será muy débil. Su ley orgánica establece políticas de acompañamiento, pero no puede ejercerlas con sus niveles de capitalización y de organización que son muy bajos. Tendrían que pasar mínimo de dos a tres años para que este banco pueda asentarse y cubrir determinados segmentos de la actividad productiva.
Hasta entonces podrá intervenir de manera eficiente en el financiamiento. Mientras vamos a tener un problema de financiamiento de baja cobertura y de búsqueda de otros recursos, y la gente va tener que endeudarse en las condiciones de mercado más restringidas para poder producir en este país.
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