Francisco Galindo
Fotos de La Prensa/EFE
Un virus, una enfermedad autoinmune, los efectos secundarios de un fármaco, la picadura de un insecto, un tumor o un tratamiento nocivo de belleza facial pueden estar detrás, entre otras causas, de la aparición de una parálisis facial, enfermedad cuya fisiopatología aún no está muy clara, aunque la inflamación de algún nervio de la cara es el desencadenante principal.
Además de la boca torcida, la imposibilidad de sonreir, el ojo con dificultades para cerrarse y la insensibilidad de los carrillos, la parálisis facial presenta síntomas en los que suelen estar presentes los tics, el lagrimeo, la pérdida de gusto y la acumulación de saliva en la comisura afectada.
Sin embargo, en el 75 por ciento de los casos esta afectación suele desaparecer de forma espontánea o en menos de dos semanas después de un tratamiento a base de antivirales, como el aciclovir y corticoides, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (NINDS), de Estados Unidos.
Aproximadamente un 15 por ciento de los afectados, según los mismos datos, presenta dificultades más serias de recuperación y un 3 por ciento queda con la parálisis de por vida.
El NINDS especifica también que, si bien la parálisis facial no suele afectar a personas de menos de 6 años y más de 60, se registran también casos en este arco de edad y, sin que se sepan muy bien sus causas, ataca especialmente a mujeres embarazadas y diabéticos.

En Estados Unidos, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades, con sede en Atlanta advierte, cada inicio de la primavera, que con el aumento de las actividades al aire libre se incrementa el riesgo de las picaduras de garrapatas que causan la enfermedad de Lyme, un mal que sólo en 2007 afectó a 27 mil personas y uno de cuyos síntomas principales es la parálisis facial, aparte de afectar al sistema nervioso, al corazón, a las articulaciones y a la piel.
El tratamiento.
En China esta patología se corrige con largas sesiones de acupuntura, una técnica que se está extendiendo por todo el mundo debido a los buenos resultados conseguidos con su aplicación.
Pero el tratamiento quirúrgico es la alternativa para la minoría de pacientes que no superan el problema con antivirales y corticoides. Existen técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas, como la “Silhouette lifting”, que se basan en un sencillo sistema de sutura que contiene unos conos diminutos que se agarran a los tejidos y que sirven para tensar las zonas flácidas.
El cirujano plástico Javier de Benito, del Instituto Dexeus de Barcelona, asegura que ha realizado cerca de 350 intervenciones de este tipo con fines estéticos, y que “estas suturas de armonización facial se han convertido, casi por casualidad, en una importante alternativa de cirugía reparadora en casos de parálisis facial de grado medio o en personas mayores que no quieren someterse a una cirugía más agresiva, o no están en condiciones de someterse a ella”.
En abril de 2008, el médico argentino Daniel Serrano, que se dio a conocer cinco años antes en Hollywood como Jiffy Lube, experto en tratamientos de belleza, ocupó las páginas de la prensa internacional tras ser encarcelado por inyectar lubricante de motor para eliminar las arrugas del rostro de numerosas pacientes, alguna de ellas tan famosas como Priscilla, la ex mujer de Elvis Presley.
Serrano, que no tenía licencia para operar en EE.UU. y que cobraba entre 300 y 500 dólares por su tratamiento, aseguró a sus pacientes que disponía de “un producto milagroso” para acabar con las arrugas.
Durante el juicio contra el argentino se informó de que, tras los tratamientos, algunas mujeres sufrieron parálisis facial, y el abogado de Priscilla Presley aseguró que tuvo que someterse a intervenciones quirúrgicas para extraer el lubricante que Serrano le había inyectado.
En marzo de 2009, la Audiencia de Barcelona condenó al laboratorio Sanofis Aventis a indemnizar con 55,600 euros (75,510 dólares) a un total de quince mujeres por los efectos adversos que les provocó la ingesta del fármaco para la menopausia Agreal, al considerar que el prospecto no informaba de todas sus contraindicaciones.
Las demandantes aseguraron que el medicamento citado les provocó depresión, crisis de ansiedad, pérdida de memoria, temblor, dolor muscular y parálisis facial, entre otros síntomas. b

Silhouette lifting
Miriam Álvarez, una psicóloga de Barcelona que sufría parálisis facial desde que tenía 7 años, no se quería operar porque la intervención era muy agresiva y ya estaba cansada de pasar por el quirófano, pero ahora está encantada con su nuevo aspecto porque se ve “mejor, más guapa y más contenta”, gracias al procedimiento de Silhouette Lifting.
El doctor Javier de Benito señala que esta técnica, que no requiere hospitalización y se realiza en algo más de una hora con anestesia local, consiste «en insertar en el tejido subcutáneo hilos tensores a través de una microincisión realizada en el área temporal».

Implante
Isidoro Bejarano, un paciente de 37 años con parálisis facial, volvió a sonreír gracias a la implantación de un injerto de un músculo de la pierna, tras someterse a dos intervenciones por un equipo de cirujanos plásticos de la Clínica Universitaria de Navarra (norte de España) a lo largo del 2008.
A Bejarano le diagnosticaron un tipo de tumor vascular (cavernoma) situado en el tronco del encéfalo que le afectó el sistema nervioso.
Tras dos cirugías, Bejarano sufrió una parálisis facial en ambos lados de la cara causada por una lesión. El director del departamento de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética del centro, Bernardo Hontanilla, encargado de la intervención, explicaba que el enfermo tenía lesionado el nervio facial en ambos lados de la cara, y que «la única opción que teníamos era la de colocar un músculo nuevo en el rostro y aportarle otro nervio que se encargara de dar movimiento a ese músculo».
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