Por Erika Gertsch Romero.- Están presentes en esos sitios donde muy pocos quieren estar. Preparan el equipo, apuntan y disparan; el resultado es una fotografía que inmortaliza un momento más de la congestionada historia de Nicaragua.
Las manecillas del reloj aceleran, cansando al tiempo. Siguiendo sus pasos está el fotoperiodista trabajando; observando detenidamente lo que sucede. Son testigos del cambio, de ese presente que será nombrado en unas horas, ayer, pero que tiene un valor documental, al menos para quienes trabajan apasionadamente en esa profesión.
Son testigos de la desesperación, del dolor, en ocasiones víctimas del desastre o héroes anónimos. Mañana, seguramente su trabajo estará publicado en una revista, en el periódico de circulación nacional o recorriendo el mundo, en busca de ayuda.
Una cámara logra lo que la naturaleza no permite: inmortalizar cada momento para las nuevas generaciones.

Manuel Esquivel: “Es una foto que lastima, pero es la realidad”
Es originario de Managua, Esquipulas.
Empezó su carrera como fotógrafo en el Ministerio de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria, en 1980.
Trabaja actualmente para el diario La Prensa.

Se observan rostros de sufrimiento en el campamento de refugiados del Nemagón. Pasan inadvertidos, pese a que se encuentran frente al Parlamento Nacional, consumen el polvo del día, el frío de la noche, el rugir en sus estómagos y la indiferencia judicial.
El fotógrafo Manuel Esquivel es consciente de la situación, pero en lugar de ser un simple espectador o un recopilador de la noticia diaria, registró para la historia un hecho que no quedará en el pasado fácilmente, pues la maldición de los plaguicidas permanece entre los niños.
“Hay una foto que es bien dura, muy particular, que lastima, pero que debe ser vista porque es la realidad. Es la imagen de un niño sin pene, el niño nació solamente con un orificio para orinar, producto de las secuelas del Nemagón, es una imagen donde el niño no aparece completamente por una cuestión de ética, por guardar su privacidad”, describe Esquivel.
Esa foto tomada en el 2007, narra el reportero gráfico, fue el enlace fuerte de esa historia. Muchas de las personas que fueron captadas por el lente de Esquivel ya han muerto. Otras de esas imágenes fueron capturadas mientras la persona estaba en agonía.
Ésta es una historia que tuvo un reconocimiento en la Fundación Nuevo Periodismo.
“Yo documenté un problema que logró ser visto a nivel mundial. Ahorita está haciendo una película una empresa fílmica de EE.UU. y me han pedido meter cinco fotos de la historia del Nemagón en Nicaragua, entre ellas la del niño y eso me llena, pues creo que he aportado algo para el bienestar de ellos”.

Germán Miranda: “El mundo tenía que ver lo que estaba pasando”

Es originario de Chontales.
Empezó en el mundo de la fotografía en el Instituto de Cine (INCINE) en 1982
Actualmente trabaja para el diario La Prensa.
En la portada de La Prensa del 2 de noviembre de 1998 hay una foto que muestra todo el drama que provocó el paso del Huracán Mitch por Nicaragua. Dos niños miran sin ver en una foto de Germán Miranda.
“Sentí un nudo en la garganta cuando miré a los niños con sus ojitos extraviados, acostados, quejándose de dolor”, narra conmovido el reportero gráfico Germán Miranda, quien fue el primer fotógrafo que logró mostrar al mundo lo que estaba ocurriendo.
Germán recuerda que en un lugar que se llama Santa Narcisa, el helicóptero hizo el primer descenso. En el lugar observó cuerpos de mujeres que habían estado embarazadas y sus hijos fueron arrancados de sus vientres por la fuerza del alud, personas semienterradas, árboles por todas partes.
“Los pequeños se estaban muriendo, uno de ellos tenía la mirada perdida, tenían los labios resecos. Me golpeó mucho ver a esos niños y a otros muertos”.
Miranda dice que las dantescas imágenes que grabó en su mente lo dejaron traumado un par de meses; su cabello fue cayendo y un psicólogo tuvo que atenderlo. Sin embargo una llamada de la Diputación de Sevilla, España, le devolvió la esperanza. Él y los pequeños fueron invitados a formar parte de la exposición en solidaridad con Centroamérica. Germán sólo logró contactar a Alexander Mayor (el niño más grande de la foto).
La revista norteamericana Time también publicó varias de sus fotografías, pero para el reportero gráfico “la mayor satisfacción fue lograr que Posoltega tuviera al menos una clínica en el lugar”.

Orlando G. Valenzuela: “Nicaragua era aquella joven armada con su hijo al pecho”

Es originario de Rivas.
Empezó a tomar fotografías en 1980 en Ocotal, Nueva Segovia. Ese año se realizó la Cruzada Nacional de Alfabetización en Nicaragua y él documentó ese momento histórico.
Actualmente trabaja en una touroperadora en el área de comunicación.
Aquella joven campesina de sonrisa franca con su hijo al pecho y fusil al hombro, representó a nuestro país como imagen ante el mundo en los años 80. Orlando García Valenzuela tomó esa imagen atrapado por la ternura y a la vez por la fuerza que simbolizaba esa arma de defensa.
“Ese día yo estaba en una pequeña tarima de tablas, y desde arriba apretaba el disparador a todo lo que miraba interesante. De repente vi una mujer joven con un fusil al hombro, lo cual era muy común en esos años, pero me llamó la atención que tenía un niño en brazos y le daba el pecho. Alguien le dijo algo señalando hacia arriba y sonrió justo cuando tomé la foto y un poco apenado, moví el lente hacia otro lado”, recuerda García Valenzuela.
Esa foto la tomó en julio de 1984 en Waswalito, comunidad rural de Waslala, a más de 100 kilómetros al noreste de Matagalpa. Pero logró atravesar las fronteras nacionales.
“No recuerdo quien le puso el nombre de miliciana de Waswalito , si el editor o yo, lo cierto que así se empezó a conocer esa foto que pronto se hizo famosa y ese mismo año fue tomada como imagen oficial de la Campaña Mundial de Solidaridad con Nicaragua.
Además agrega, “se decía que así era la revolución, joven, optimista, pero dispuesta a defender con las armas a sus hijos”, narra el reportero gráfico.
Para esa época él era redactor y fotógrafo de la revista juvenil Los Muchachos, publicación mensual de la Juventud Sandinista 19 de Julio.

Claudia Gordillo: “Cuando lo vi en la pared, pensé en un muro de fusilamiento”

Es originaria de Managua.
Empezó su carrera como fotógrafa en 1979 de forma independiente.
Actualmente trabaja para el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica.
El terror se apoderó de la reportera gráfica Claudia Gordillo, el 23 de octubre de 1983. Las milicias campesinas sandinistas derribaron un avión de abastecimiento militar de las fuerzas contrarrevolucionarias, y ella estaba en el sitio minutos después del incidente haciendo “la foto del héroe de la contra, del piloto Roberto Amador Álvarez”.
Presionada por el tiempo e intentando obtener en 20 minutos todo los datos necesarios para escribir una nota, se acercó al militar y empezó el interrogatorio.
“Yo le pregunté en ese momento sus datos personales, las cuatro, cinco preguntas básicas periodísticas para poder armar una nota, pero yo estaba nerviosa, necesitaba sacar la foto del día también. Él no me contestó mucho. Él trató de no identificarse, estaba herido y lo habían ubicado de pie contra una pared de madera. Sentí terror. Parecía que lo iban a fusilar”.
Décadas después la fotógrafa asegura haber leído que Roberto Amador expresó que ella lo había maltratado y la señalaba de ser una agente de la Seguridad del Estado, afirmación que Gordillo dice afectarle mucho porque ella “es y ha sido siempre una fotógrafa libre”.
“Yo quisiera que él leyera esta contestación; yo era una simple reportera en ese momento. Cuando a él y a otro contra lo pusieron contra la pared, yo pensé que iban a fusilarlos, yo empecé a temblar de miedo y él no sabe esto, yo sentí pánico e impotencia, pero me dije a mí misma esta foto no la voy a dejar de tomar. En ese momento me solidaricé con Amador y tuve sentimientos encontrados. Yo no era contra, pero sí humana”, afirma Gordillo.
La imagen nunca se publicó en el diario Barricada, donde ella laboraba en ese momento. Treinta años después la fotográfia de Amador fue expuesta en el libro de Semblanza “Nicaragua del Siglo XX”, editada por el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica.

Margarita Montealegre: “Esa foto fue un símbolo de lo que significó la Reforma Agraria”

Es originaria de Managua.
Empezó en el diario La Prensa como fotógrafa en 1977.
Actualmente imparte clase de fotografía en la Universidad Centroamericana y tiene su propio estudio.
Las parcelas de tierra habían sido nombradas por los campesinos de Jinotepe en su lucha por conquistar un terreno. Eran los inicios de la Reforma Agraria en marzo de 1980. El lente fotográfico de Margarita Montealegre captó la efusiva alegría de niños y adultos.
Marchaban con pancartas por el campo, y reclamaban con machetes en manos su derecho de tener terreno para trabajar y para vivir.
“En esa marcha tomé una serie de fotos, en ese momento iba en una camioneta cuando me impresionó ver a un grupo de campesinos que portaban pancartas diciendo que no eran aves para vivir del cielo, ni peces para vivir del mar y por eso necesitaban la tierra para trabajar”, recuerda Montealegre.
Fue sorprendente para la reportera gráfica ver impreso tiempo después, en 1985, esa foto en un billete de 20 córdobas. “Mi imagen fue escogida como un símbolo de la reforma agraria de los años 80, pero nadie me preguntó”, asegura la fotógrafa.
Desde el punto de vista de la imagen, Montealegre resiente que hayan cortado la foto en la publicación del billete, ya que para la experta, la composición de la imagen es muy importante, y sin la toma donde se ve el campo y sin el niño marchando contento, la foto no tenía la misma calidad.
La foto fue publicada en el diario Barricada. Margarita Montealegre aún conserva billetes de 20 córdobas de recuerdo, y dice estar en busca de los personajes de su foto.

Oscar Navarrete: “Fui testigo de la guerra desde un helicóptero de combate”

Es originario de Managua.
Empezó su carrera como fotógrafo en 1984 en el Diario Barricada.
Actualmente trabaja para el diario La Prensa.
Él no combatía, pero miraba morir. Apenas era un chavalo de 18 años y vivía la guerra desde las filas del Ejército. Con cámara en mano y con un rifle en la otra intentaba cumplir su misión al frente de la tropa; tomar las fotos que inmortalizarían la crueldad de la guerra.
“Recuerdo ese mes de marzo, tenía más de cuatro semanas cubriendo un batallón donde se buscaba a la contra y me tocaba ir a casa a descansar, pero surgió un acontecimiento; los tenían localizados y a mí me enviaron de regreso, estaba molesto, quería ir a casa pero vos sabés, es la guerra y las órdenes no se discuten”, asegura Navarrete.
Desde un helicóptero de combate 1025, el fotógrafo vio pasar la muerte y observó a otros morir. Su cuerpo se llenaba de adrenalina, y también de rabia cuando miraba caer en combate a niños, vestidos de militares.
“No me dijeron que el helicóptero donde tomaría las fotos iba a bombardear. Esa es una de las misiones más peligrosas, pero yo tenía que responder, saqué mi cámara e hice la foto, esto es lo mío, me dije muchas veces, pero cuando me bajé del aparato me temblaba el estómago y los pies, una combinación tremenda”, recuerda.
En ese operativo, en 1979, Navarrete captó la imagen donde un helicóptero se ve disparando misiles en el cielo abierto de San José de Bocay.
Oscar Navarrete se encontraba trabajando en la Unidad de Medios Audiovisuales en el entonces Ejército Popular Sandinista.

Franco Peñalba: “Encendí un cigarro con una piedra que emanó el volcán en erupción”
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Es originario de Roma, Italia.
Empezó en el mundo de la fotografía de publicidad y retratos personales en 1970.
Trabaja actualmente de forma independiente y es pintor.
El volcán rugía, parecía que su propósito era despertar a la noche. La lava que desprendía y las rocas que se disparaban muy cerca de donde estaba el fotógrafo Franco Peñalba y el doctor Jaime Incer Barquero creaban un ambiente de tensión y fascinación.
Era la erupción del Volcán Cerro Negro, el 5 de febrero de 1971, que lucía como si posara ante el lente de Peñalba.
“Era impresionante. Nunca había visto una erupción volcánica y la rayería que provocaba la misma”, recuerda Peñalba.
El fotógrafo viajó hacia la zona en compañía del doctor Incer. Los dos se encontraban trabajando en la traducción e ilustración del libro “El Naturalista en Nicaragua”, escrito por el inglés Thomas Belt, que luego permitió que las imágenes se vieran en diferentes partes del mundo.
“Ese día que le tomé la foto al volcán estábamos ubicamos en la entrada del municipio de Telica, León. Muy cerca del coloso estaba haciendo fotos cuando cayó una piedra volcánica. Es gracioso, yo no perdí el tiempo y encendí un cigarro con una piedra que emanó del volcán en erupción ”, describe entre risas.
Dice Peñalba que no sintió miedo. Según el reportero gráfico, la foto que tuvo la mejor composición de rayos durante la erupción fue la elegida para publicar en el libro.
“Las pequeñas rayitas que se ven en el cielo son las estrellas”, describe Franco.
Tiempo después se realizaron documentales de las fotos y se transmitieron en el Sistema Sandinista de Televisión.
Ver en la versión impresa las paginas: 14 ,20 ,12 ,18





