Por Dr. Carla Fjeld
En mis últimas dos columnas, les escribí sobre “A” y “B”, el aguacate y la berenjena. Hoy, pensando en la letra “C”, una de las verduras que más me llama la atención es la cebolla. El consumo asiduo de cebollas está asociado con una reducción en el riesgo de contraer cáncer del colon, y eso probablemente está asociado con su contenido de quercitin, entre otros antioxidantes.
Además, las cebollas tienen una buena cantidad de cromio, el mineral que le ayuda a mantener sus niveles de glucosa, incluyendo a pacientes con diabetes. Lo interesante es que, cuando se ingiere con cantidades de harina blanca y azúcar, se reducen los niveles en la sangre de cromio, y peor todavía cuando se realiza poco ejercicio. La cebolla les puede ayudar. Consumiendo más cebollas aumenta sus niveles de cromio, y facilita su capacidad de mantener niveles apropiados de insulina y glucosa.
La cebolla es uno de los vegetales que ha sido identificado como uno de los más fuertes al momento de reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Las cebollas pueden ser especialmente beneficiosas para mujeres con alto riesgo de osteoporosis asociado con la menopausia.
El mal aliento asociado con el consumo de cebollas se puede reducir por el consumo de perejil, que a la vez es una buena fuente de la vitamina C. Las cebollas también tienen un efecto anti-inflamatorio, debido a su contenido de quercitin, y otros componentes que se llaman ‘isothiocyanates’, los cuales ayudan a reducir la inflamación asociada con la artritis. Las cebollas son buenos componentes en sus sopas y otros platillos que fortalecen su salud y son bajos en calorías.
Restaurante Ola Verde
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