JUPITER, FLORIDA, EE.UU./EFE
La esperada llegada del ex toletero Mark McGwire a los campos de entrenamiento del béisbol profesional como nuevo entrenador de bateo de los Cardenales de San Luis se dio hoy sin mediar palabra con los periodistas y equivocándose de puerta para entrar a las instalaciones del equipo.
McGwire llegó pronto a las instalaciones y luego de preguntar a un grupo de periodistas que lo estaban esperando por donde tenía que ir se dirigió a la puerta equivocada para llegar a la sala de prensa en lugar de ir a la correcta, que encontró después.
El nuevo instructor de bateo de los Cardenales quiso asistir a la jornada en que se tienen que presentar los lanzadores y los receptores del equipo.
McGwire llevará el mismo número, el 25, que utilizó con los Cardenales como jugador, y que el equipo no ha dado a ningún otro pelotero desde que el ex toletero se retiró tras la temporada 2001.
El ex pelotero de 46 años, está regresando al béisbol poco más de un mes después de haber admitido que había utilizado esteroides y hormonas de crecimiento humano durante su tiempo como rey de los jonrones en el béisbol profesional de las Grandes Ligas, a finales de la década de los 90.
Varios de los pupilos de McGwire ya estaban en el estadio, incluyendo el segunda base Skip Schumaker, quien es uno del puñado de peloteros de los Cardenales que está familiarizado con la pasión de McGwire por el bateo luego de haber participado en los entrenamientos de temporada baja en California.
Una hora más tarde haber llegado a las instalaciones, McGwire salió al campo con el uniforme de trabajo para comenzar la sesión con varios peloteros en la caja de bateo.
El mes pasado, McGwire terminó con una década de negación y evasivas al admitir que había utilizado esteroides y hormonas de crecimiento humana cuando se convirtió en el rey de los jonrones, algo que puso al descubierto su ex compañero de equipo el cubano José Canseco.
Schumaker dijo que sus compañeros aprenderán pronto que McGwire tiene mucho que ofrecer, a pesar de ser tildado por muchos como alguien manchado por su uso de sustancias para mejorar el rendimiento y por no haber logrado entrar al Salón de la Fama, a pesar de haber conectado 583 cuadrangulares.
A medida que comenzaban a llegar los peloteros, nadie parecía demasiado preocupado con el circo mediático que estaba desarrollándose en el Roger Dean Stadium, la casa primaveral de los Cardenales, en la localidad floridiana de Jupiter.
El portavoz de los Cardenales Brian Bartow no esperaba la avalancha de periodistas de medios nacionales para la apertura de los entrenamientos, a pesar que McGwire aparenta ser la historia más grande en el lugar con su vuelta por primera vez a las mayores desde que se retiró en el 2001.
«Estoy seguro que van a estar pasando muchas cosas, pero espero que todo eso vaya bajando en intensidad,» comentó el lanzador Kyle Lohse a los periodistas. «He escuchado muchas cosas buenas sobre él y espero que todo el mundo pueda hacer su trabajo en paz».
Pero el regreso de McGwire al béisbol se da un mes después de haber admitido su uso de substancias prohibidas durante su periodo como el más poderoso de los toleteros en la década de los 90, incluyendo la de 1998 cuando estableció la mejor marca de las Grandes Ligas con 70 jonrones.
Sin embargo, su confesión no ha logrado cerrar la polémica en cuanto a su actuación de negación anterior, inclusive ante el Congreso de Estados Unidos, y todo parece indicar que está muy lejos de que el escándalo de los esteroides no le siga pasando factura.
Los Cardenales estaban optimistas que McGwire pudiese centrarse sólo en su debut como entrenador luego de ser sometido a una ronda de entrevistas y haber hecho dos apariciones públicas en San Luis.
Pero todo eso no ha sido suficiente para dejar cerrado el asunto y aunque el manejador del equipo Tony La Russa ha insistido que McGwire ya ha dicho todo lo que tenía que decir, las críticas y el rechazo hacia su persona y figura se han incrementado.
Inclusive de ex peloteros importantes en la historia de los Cardenales, que han cuestionado también la actitud de defensa a ultranza que ha realizado La Russa con relación al comportamiento y engaño de McGwire.
Tampoco ha caído bien que La Russa dijese que sólo se enteró del consumo de esteroides por parte de McGwire cuando lo llamó el pasado mes antes de hacer público su reconocimiento que utilizo substancias prohibidas después que lo tuvo bajo su dirección desde cuando comenzó a jugar con los Atléticos de Oakland.
La Russa insiste que ha llegado el tiempo de dedicarse a trabajar y pensar en el futuro, pero los que reivindican «castigo» ejemplar para los deportistas que se doparon la vuelta de McGwire es un paso más en la dirección contraria, la de premiar a los que engañaron.
