A finales de 1995 Asdrudes Flores era ya un veterano en nuestro beisbol. Su carrera se había iniciado once años atrás (1984) y había conseguido significativos impactos que le hacían un lanzador respetable en el beisbol nacional.
Para entonces, Flores había lanzado un Juego Perfecto contra Estelí (1991) y otro sin hit ni carrera ante Carazo (1995). Incluso, ya era el único lanzador zurdo con una campaña de 20 victorias y había formado parte de la Selección Nacional.
Así que cuando vio a Oswaldo Mairena corriendo con desgano en el estadio de Masaya, en aquel momento (1995) se sintió con la suficiente autoridad para llamarle la atención: “Vos chavalo jodido, corré. De lo contrario no vas a durar nada”.
Pero Oswaldo, entonces de sólo 18 años, no recibió con agrado la exhortación y se lo hizo saber a Asdrudes: “Y vos qué hablás, si vos ya estás listo ya”, dijo Mairena con molestia en su voz. Y la verdad es que más allá de su falta de humildad, parecía tener razón. Flores parecía acabado.
Su brazo estaba afectado. Chinandega lo dejó libre. No lo quiso el Bóer. El Rivas lo probó un rato antes de descartarlo. Pasó por el San Fernando y se fue a refugiar en el Matagalpa de Alex Torres, como la única opción que le quedaba para seguir en el beisbol de Primera División.
No obstante, desde el intercambio con Oswaldo, han pasado 15 años y Flores sigue campante sacando outs. Con el tiempo no sólo demostró que no estaba acabado, sino que le quedaban muchos innings y triunfos en su brazo y sigue en la “cresta de la ola”.
A partir de entonces, hemos visto a Asdrudes hacer del pitcheo un arte. Agudizó su control, aprendió a administrar sus condiciones físicas y echó mano de la astucia como su principal recurso. Y no sólo ha tenido éxito, sino que ha sido un ejemplo.
Mañana llega a 46 años y en Matagalpa esperan que los ayude a ganar algunos partidos. El año pasado capturó ocho éxitos. De modo que no se anda con bromas. Sus 167 victorias son lo máximo en el beisbol de Nicaragua.
Asdrudes ya no es un niño. Su brazo ha perdido poder y cada vez le cuesta más asistir por un tiro a la primera base, pero su sabiduría ha crecido, lo mismo que su historial y dedicación, que constituyen por tanto, un ejemplo para todas las generaciones.
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