Por Darwin López Galeano
Pareciera que Nicaragua retorna a los tiempos de la dictadura somocista que por décadas mantuvieron el control total de todas las instituciones y poderes del Estado. Igualmente parece retornar a los 10 años de la dictadura sandinista de los años ochenta cuando el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) también lo controló todo.
Somocistas o sandinistas, ambos gobernaron de manera antidemocrática y ahora con el retorno al poder del líder del FSLN, Daniel Ortega, la cual se puede decir que fue aceptable la forma en que asumió en el 2007, pero con sus aspiraciones reeleccionistas y la forma de gobernar vía decreto, la historia parece repetirse. Las ambiciones de reelección de cualquier presidente son claras señales de querer instaurar una dictadura en Nicaragua, cáncer que contamina un país y al resto de naciones, y el nuestro no es la excepción. La experiencia de Ortega habla por sí sola, según la historia de un pasado reciente y vivo en la mente de la mayoría de los nicaragüenses.
Sólo las decisiones de los nicaragüenses demostradas en las urnas electorales a la hora de depositar su voto, podrán revertir las ambiciones del mandatario. Sólo el músculo democrático definirá el futuro del país y para tal fin es necesaria la observación electoral nacional e internacional sin exclusiones y que no ocurra como en las elecciones municipales del 2006, la cual fue lamentable la falta de participación de observadores. La decisión está en los tomadores de decisiones y padres de la patria, en ellos está el don de estar atentos a cualquier intento de otro fraude electoral, a propósito de que estamos en un año preelectoral, tan crucial para definir el futuro de Nicaragua.
El hecho de que el presidente Ortega haya decidido prorrogar la permanencia de funcionarios en distintos poderes es un atropello a nuestra Constitución Política, con eso demostró que mantiene a su antojo el control. Pero en manos de las demás fuerzas opositoras está el definir las próximas autoridades de estas instituciones, ya que no es permanencia de sus cargos para otro período, sino que es prórroga hasta que los diputados de la Asamblea Nacional se pongan de acuerdo y nombren nuevos funcionarios, a pesar de que el “pastel” ya está repartido con la repartición de cargos a raíz del pacto Alemán- Ortega, pero es momento de actuar.
Se necesitan caras nuevas o personas conocidas, pero que en realidad trabajen por el bien de Nicaragua. Sería injusto y lamentable que luego de estos escándalos por la decisión del mandatario al prorrogar la permanencia temporal de funcionarios, las fuerzas opositoras elijan a personas con un historial manchado, sólo por salir del paso. Es necesaria además la participación ciudadana, tomar en cuenta a la población para estas decisiones, aunque es obvio que los políticos pasan por encima de la sociedad nicaragüense, que al final son ellos los que juzgarán.
Bien claras están las palabras del ex Ministro del Interior de los ochenta y actual Embajador de Nicaragua en Perú, Tomás Borge, quien dijo que le es inconcebible el retorno de la derecha al poder y que habrá Frente Sandinista hoy, mañana y siempre, pero del dicho al hecho hay mucho trecho y esas palabras se pueden revertir si no se actúa de inmediato. Es necesario actuar al momento de que Ortega vuelva a pasar por encima de la Carta Magna, aunque él sea el Presidente, que recuerde, mantener presente y cumpla su juramento de serle fiel a la Patria y a la Constitución, cuando lo dijo en la Plaza de los No Alineados y luego ante sus simpatizantes en la Plaza de la Fe y población en general, el 9 de enero del 2007, cuando retornó al poder.
El autor es periodista
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