Una modelo presenta la creación de la diseñadora rusa Natalia Vodianova. FOTO DE LA PRENSA/AFP

El universo de la lencería

El universo de la lencería se expande para seducir en sombríos tiempos de crisis y las tendencias más sensuales de la moda íntima buscan inspiración en estilos que van desde los encajes barrocos y los corsés hasta las prendas más “trash” o los acabados con diamantes y zafiros. “Los creadores se ríen de todo el mundo porque las tendencias son tantas que cabe todo”, explica a Efe un expositor que prefiere no revelar su nombre y que participó en el Salón Internacional de la Lencería de París, la feria más importante del mundo dedicada a la ropa interior.

El universo de la lencería se expande para seducir en sombríos tiempos de crisis y las tendencias más sensuales de la moda íntima buscan inspiración en estilos que van desde los encajes barrocos y los corsés hasta las prendas más “trash” o los acabados con diamantes y zafiros.

“Los creadores se ríen de todo el mundo porque las tendencias son tantas que cabe todo”, explica a Efe un expositor que prefiere no revelar su nombre y que participó en el Salón Internacional de la Lencería de París, la feria más importante del mundo dedicada a la ropa interior.

Otros, como el responsable en España de la marca británica Eveden, Jordi Palleja, consideran que “los fabricantes de tejidos son los que marcan las tendencias” y los que deciden si las prendas serán “más verdes, más florales o más geométricas”.

Lo que se compran ellas y ellos

Se trata de un sector en el que el principal cliente es la mujer y que factura unos 2,500 millones de euros al año (unos 3,500 millones de dólares), a pesar de que el volumen de negocios cayó el año pasado un 4.5 por ciento, según el Instituto Francés de la Moda (IFM).

“Las mujeres compran la lencería que necesitan, a veces por capricho o por impulso”, mientras que “los hombres siempre compran las cosas más especiales, que muchas veces las mujeres devuelven”, resume entre risas María Jesús Vázquez, responsable de comunicación de la marca española Selmark, implantada desde hace 35 años en el cosmos de la lencería.

Las estadísticas apoyan esa tesis, como demuestra un estudio desarrollado por TNS Worldpanel, que evidencia que sólo el 15 por ciento de los hombres —entre 25 y 49 años— confiesa adquirir lencería femenina mientras que casi el doble de las damas confiesa comprar ropa íntima masculina.

Por ello, la inmensa mayoría de las 500 marcas de un centenar de países que se dan cita en la feria de París, que visitan unas 20,000 personas, se centran en la lencería para señoritas.

“Hay cosas para todas las mujeres”, que van de las colecciones más clásicas a las líneas más juveniles o festivas, sin olvidarse de las prendas para mamás —con sujetadores con abertura para poder dar el pecho o braguitas que se adaptan a las formas del embarazo— o las mujeres que precisan de generosas copas de sostén, comenta Vázquez.

Mientras que la mayor parte de la ropa íntima masculina tiende hacia el bóxer y hacia las camisetas interiores, con más o menos dosis de fantasía, las creaciones que arropan el cuerpo de la mujer “exageran más las líneas”, explica otro expositor.

Así, el surtido de transparencias, ligueros, sujetadores, camisones, medias, tangas, corsés, conjuntos, pañuelos y gargantillas se extiende por un sinfín de posibilidades táctiles y cromáticas que van desde productos que llegan al público a un precio de unos 14 dólares hasta detalles que apelan al capricho por la exclusividad. b

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