Es curioso, pero en el deporte actual pareciera importar más el antes y el después que el propio evento en sí. Ocurre en todas las disciplinas y el boxeo no es la excepción.
Quizá no siempre fue así, pero con los boxeadores de ahora la incertidumbre sobre si darán el peso o no es uno de los temas de mayor atención para lectores y oyentes de espacios deportivos.
En la época de Alexis Argüello, Eduardo “El Ratón” Mojica o Eddy Gazo se daba por un hecho que los pugilistas darían el peso. Era su responsabilidad, y no un asunto que mantuviera inquietos a los aficionados que les seguían.
Sin embargo, desde el arribo de púgiles como Rosendo Álvarez, Ricardo Mayorga y Luis Pérez, descubrir si daban el peso se tornó un asunto angustiante para sus fanáticos. Todos ellos fallaron al menos una vez y frente a peleas de título del mundo.
¿Qué pasará hoy con Román “Chocolatito” González, quien subirá a la báscula a la 1:00 de la tarde en Puebla, México, donde se medirá al azteca Iván Meneses? ¿A qué grupo se unirá, a los que nunca fallaron, o a los que hacían cruzar los dedos?
“Yo nunca les he fallado”, es una frase que Román mantiene a flor de labio cuando se aproxima un pesaje. Y ciertamente, hasta ahora no ha pasado vergüenza en la balanza, a pesar que los momentos previos han estado cubiertos de mucha especulación en los medios.
Frente a su combate de título mundial en Japón, en el 2008, “Chocolate” alborotó su campamento, cuando se tomó un vaso de jugo de naranja y eso provocó una alteración en su peso un día antes de la ceremonia. Pero al momento de subir a la báscula, estaba en lo correcto.
Y lo más dramático fue lo que pasó en México, en febrero del año pasado, cuando se midió a Francisco Rosas. Se afirma que se exprimió para dar 105 libras, y luego quiso reponerse comiendo bastante, y se provocó un desorden estomacal muy serio.
Dar el peso es la primera responsabilidad seria que debe tener un boxeador. Es parte de su trabajo. Y es mejor aún, cuando se alcanza el tonelaje correcto preservando las condiciones físicas adecuadas y no mediante una exprimida rigurosa, que no sólo pone en peligro un resultado, sino la vida misma.
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