Cambios de gobierno, almacenamiento de obras, traslados de lugar e incluso “préstamos” han sido parte de la vida útil de lo que es ahora la Colección Julio Cortázar.
Según Julio Valle, quien trabajó en la restauración de varias piezas de esta colección compilada durante la administración de Ernesto Cardenal, lo que existe es un considerable pero reducido número de obras de arte, en comparación con la cantidad original que refleja el inventario de 1979 a 1981.
“Yo me encargué de guardar una copia del inventario, pues lo consideré importante para mi archivo personal. Más que la increíble cantidad de obras recopiladas, era la calidad y variedad de estas obras, no sólo pinturas, esculturas y grabados; sino también fotografías y piezas de cerámica. Pero ahora no sabría si todas esas piezas están dentro de la colección o si están en buenas condiciones”, asegura Valle.
Clemente Guido, codirector del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), hace referencia únicamente a un inventario realizado en 1998 en el que sólo aparecen pinturas, esculturas, piezas arqueológicas y obras gráficas de papel y plumillas. Además las cantidades varían; de 703 a 699 pinturas, la primera cantidad es la que refleja el inventario presentado por Valle.
Otro dato curioso es el de las 70 esculturas en el inventario de 1998 que se contradice con 78 esculturas que aparecen en el de inicios de los ochenta. En ambos inventarios no se especifica el valor total de las obras, pero ambos consideran que va en aumento a pesar del deterioro de las mismas.
“Hay que dejar claro que la colección está protegida por el Estado desde 1998, en coordinación con la Asociación Julio Cortázar y el inventario está debidamente registrado en la Dirección de Patrimonio Cultural y la obra físicamente se encuentra en el Museo Nacional de Nicaragua ubicada en el Palacio Nacional de la Cultura desde 1998, lo que permite que cualquier persona pueda corroborar que se mantiene intacta”, señala Guido,
“Nosotros nos hemos empeñado en restaurar la colección, en resguardarla y darle proyección cada vez que se pueda. Quien crea o insinúe que ha habido mala administración de la colección que diga nombres y lugares, seremos nosotros quienes inicien investigaciones al respecto” , dijo Guido.
Luego de ser unas de las colecciones más ovacionadas, incluso por el mismo escritor Julio Cortázar, la colección del mismo nombre ha perdido voz y luz para el público, artistas y conocedores del arte.
“Conocí la colección cuando comenzaron a venir las piezas al país, pero cuando salieron de la Casa Mántica y se trasladaron de un lugar a otro, perdió fuerza. Es hoy y no sé qué fue de ella”, cuenta Juanita Bermúdez, de Galería Códice. “Nunca he vuelto a ver esos cuadros, sólo algunos cuadros nacionales que fueron subastados por el Banco Central y que sus actuales dueños traen a enmarcar a la galería, pero desconozco su procedencia, además los de la Colección Cortázar en su mayoría eran extranjeros”, asegura.
Josefina Guillén, de Galería Josefina, recuerda que ella apreció las largas exposiciones en los ochenta y que luego las obras se guardaron inexplicablemente, se dañaron con el agua y aparecieron en el Palacio Nacional.
“¿Quién asegura que a través del tiempo y los lugares se conserven todas las piezas originales? Ha habido subastas en las que no se detalla el origen de las obras. Muchos artistas merecen y desean saber dónde están, cómo están, ver las obras y los inventarios para sentirnos seguros que nuestro patrimonio sigue aquí”, comenta Guillén .
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