Por Edgard Rodríguez Centeno
Los boxeadores luchan toda una vida para llegar a ser campeones del mundo. Y el título que consiguen es un símbolo que les proporciona prestigio, fama, atenciones y usualmente mucho dinero.
Por tanto es comprensible todo el esfuerzo que hacen por alcanzar esa meta que les cambia radicalmente sus estilos y las condiciones de vida. Lo curioso es que una vez campeones mundiales, no quieren pelear y se vuelven alérgicos a los gimnasios.
No son todos los casos, pero una mayoría se habitúa rápido a la comodidad, pierde entusiasmo por los entrenamientos y su espíritu de sacrificio se marchita bruscamente, mientras los días pasan y se dedican a vivir como celebridades, es decir, se esfuerzan para alcanzar el título que les cambiará la vida, pero luego no le sacan provecho.
¿Qué hará con su talento Román “Chocolatito” González? Por ahora se dispone a defender su corona mundial mínima (105) de la AMB por cuarta ocasión. Este sábado, se mide al mexicano Iván Meneses, en Puebla. Creo que es una buena forma de comenzar este 2010. Ojalá lo pueda continuar así.
Este muchacho se coronó monarca mundial el 15 de septiembre de 2008 en Yokohama, Japón, mediante una brillante demostración ante el local Yutaka Niida, quien había retenido su corona durante siete exposiciones y era dueño de un gran respeto en su país y más allá.
Sin embargo, con su boxeo vistoso y mortífero, González lo vapuleó y se convirtió en campeón. Dos meses después, estaba de nuevo en el ring ante Miguel Téllez, para cerrar con seis peleas el año, algo normal para él. Había combatido seis veces también en 2007 y seis en 2006.
Pero el año pasado, ya sólo peleó en dos ocasiones y su nombre comenzó a sonar más por una demanda de pensión alimenticia y por su boda, que por su desempeño como pugilista. Exigió cambio de entrenador y se volvió difícil someterlo a un régimen de adiestramiento serio.
González tiene una ventaja y es que está joven. Tiene sólo 22 años. Pero no puede seguir dejando pasar el tiempo. Tiene que decidirse a asumir su carrera con seriedad y rescatar aquel espíritu de superación que lo llevó a la cima. De otro modo, podría no durar mucho ahí arriba.
Ver en la versión impresa las páginas: 1 B