He decidido apreciar a Vicente Padilla porque me parece llamativo lo que ha hecho. Supongo que no debe ser fácil llegar al beisbol de las Grandes Ligas y mantenerse ahí por casi una década.
Aquí se juega beisbol desde 1891 y desde entonces, sólo diez nicas han escalado la cima del juego. Algunos han pasado tomándose una taza de café, y otros muy pocos, entre ellos Padilla, han salido a flote y se han hecho un nombre propio en ese nivel.
Claro, Padilla ha cometido muchos errores. No se ha cuidado de la mejor forma y su talento, de haber sido correctamente administrado, lo habría situado quizá entre el grupo de lanzadores élite del beisbol de las Mayores. Aún así, es lo mejor que tenemos.
Y de ninguna manera, mi intención es decirles, que como es el mejor, hay que tolerarle todo y que él tiene pasaporte para portarse del modo que estime conveniente. No, me gustaría que fuese ciudadano ejemplar, ídolo de las juventudes y espejo para nuestros prospectos.
Pero, ¿quién de nosotros es perfecto? Todos hemos fallado. Y objetivamente, el valor de Padilla bajó no porque no tenga el material, sino por los antecedentes que tiene como jugador con dificultades para adaptarse a las reglas que los equipos establecen, crea incertidumbre en los clubes interesados.
Sin embargo esa etapa ya pasó y está con los Dodgers, quienes lo han firmado por una cifra, que al menos a mí, me parece baja. Yo no creo que Vicente costara 10 millones al año, pero tampoco creo que valga 4,025 millones. Pero lo que deseo resaltar es la actitud de Vicente.
Padilla tenía una mejor oferta de Washington pero se fue con los Dodgers porque son un mejor equipo, porque Los Ángeles es un mejor escenario y porque lo que hará ahí tendrá mayor repercusión para su futuro en el 2011. Pero además, porque su carácter está sometido a prueba.
Un Padilla motivado, con salud y claro de que su desempeño ahora, tendrá un gran impacto en su próximo contrato, no me sorprendería que vaya camino a su mejor temporada, es decir, una en la que pueda capturar unos 16 éxitos.
A los 32 años, un big leaguer está en plena madurez, un factor que ha faltado en el repertorio del nica, pero que las circunstancias deben habérselo proporcionado.
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