El Consejo Empresarial de América Latina (CEAL) que reúne a más de 510 líderes empresariales, celebró el año pasado su XX Asamblea Plenaria Internacional, en San Salvador. En ese foro se plantean y analizan temas, no sólo relativos a la institución, también a la situación económica, social y política del continente.
El CEAL reúne en un mismo propósito a empresarios exitosos, profesores universitarios, ex presidentes de la República, técnicos y asesores en diferentes disciplinas, todas orientadas hacia la producción y el crecimiento económico, base ineludible para garantizar la democracia y la libertad de empresa.
A la reunión de San Salvador asistieron dos presidentes-empresarios, destacados como nuevos líderes en América Latina: Mauricio Funes, presidente de El Salvador, y Ricardo Martinelli, presidente de Panamá. Estas dos personalidades sostuvieron que los empresarios pueden realizar cambios en las condiciones de vida de todos los pueblos de América. Entiéndase que los principios y experiencias expresadas en ese foro son fundamentos generales que deben aplicarse en concordancia con las posibilidades y recursos de cada país.
Como lema general se aceptó que los empresarios deben “dejar de ser ‘élites pasivas’ y estar dispuestos para forjar democracias saludables que faciliten la inversión y la generación de riquezas en un entorno de justicia social”.
El ex presidente salvadoreño Armando Calderón Sol abrió el debate afirmando que “los verdaderos líderes son los creadores de bienestar y trabajo”. ¡De las ideas a los hechos! Exclamó: “Debemos apoyar a quienes participan en la defensa de la libertad, la democracia y la dignidad”.
El presidente anfitrión Mauricio Funes, afirmó: “Una de las muestras más claras de que la empresa privada tiene una importancia estratégica para el nuevo gobierno en El Salvador es la numerosa inclusión de sus representantes —más de un tercio— en el recién instalado Consejo Económico y Social (CES).
El presidente panameño, Ricardo Martinelli, reconocido en el foro como un nuevo líder latinoamericano, ofreció una muestra de conceptos y acciones en ejecución dirigidas a crear un “Modelo Panamá”, sostuvo con firmeza: “Los empresarios creen que dando plata compran espacio, su acomodo dentro del engranaje político y están equivocados, esto no funciona así”. “Nosotros somos fieles creyentes de que hay empresarios y “empresaurios”. El empresaurio es el que ha hecho fortuna a partir de prebendas, concesiones de sacrificios fiscales y a base de explotar al Estado”. Lo que estamos haciendo es un gobierno empresario con una amplia visión social. Estamos redimensionando un país que estaba harto del mismo discurso político tradicional. Doy un ejemplo: en la zona libre (de Panamá) el segundo emporio comercial más grande del mundo gana arriba de los 1,600 millones de dólares al año y no paga un real de impuestos. Nosotros promovemos la empresa privada, pero creemos en la empresa privada responsable, no una empresa que se ha hecho en base a concesiones, contratos y prebendas que lesionan los intereses del país y de la clase trabajadora.
En términos sencillos definió el “Modelo Panamá”: Bajar impuestos para desalentar el contrabando. Todas las empresas deben pagar impuestos, deben contribuir con el desarrollo del país. Si a Panamá no la cambiamos en los próximos cinco años y sentamos las bases y fundamentos para dar a los panameños una mejor salud, educación, transporte y seguridad, Panamá va a estar en la misma espiral en la que han entrado otros países que se han desencantado con los gobernantes de turno.
En su intervención Carlos Alberto Montaner, bien conocido en Nicaragua, parafraseando a Clemenceau, dijo: “La política es una actividad demasiado importante para dejarla en manos de ignorantes que no entienden cómo y por qué se crea y destruye la riqueza”. Agregó: “Los intereses generales de los empresarios coinciden puntualmente con los intereses generales de la sociedad, porque a unos y a otros les conviene la creación de riqueza”.
En Nicaragua estamos ante la alternativa de escoger entre empresarios productores o políticos saqueadores. Ya conocemos muy bien a estos últimos, escojamos a los productores; lo cual no puede hacerse por medio de unas elecciones que desde ahora ya son fraudulentas.
Los gobiernos son para crear bienestar y esto resulta invirtiendo los dineros públicos en educación, salud, comunicaciones y seguridad pública. Los políticos han magnificado su mala fama de ser “sucios” porque la política es sucia, esto les ha permitido mantener alejados a los empresarios limpios y honrados, creadores de riqueza.
Si nos dejamos imponer un vez más a los saqueadores ¡vendrá el diluvio!
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