Algunas calles del centro de la ciudad ya están libres de escombros, en muchas otras aún hay cuerpos sobre la vía. LA PRENSA/ AFP/ MINUSTAH/ Marco Dormino

La vida vuelve a las calles de la devastada Puerto Príncipe

A media asta, la bandera haitiana ondea desde ayer frente al derruido Palacio Presidencial de Puerto Príncipe y los guardias, que habían desaparecido luego del sismo, ocupan nuevamente sus puestos ante las ruinas del edificio, que los haitianos llamaban “la Casa Blanca”.

PUERTO PRÍNCIPE/ AFP

A media asta, la bandera haitiana ondea desde ayer frente al derruido Palacio Presidencial de Puerto Príncipe y los guardias, que habían desaparecido luego del sismo, ocupan nuevamente sus puestos ante las ruinas del edificio, que los haitianos llamaban “la Casa Blanca”.

Enfrente, en un jardín público convertido en gigantesco campamento por quienes quedaron a la intemperie, han sido izadas banderas haitianas y jóvenes descalzos juegan al futbol en un improvisado campo.

Ocho días tras el terremoto que devastó Puerto Príncipe, la vida reanuda su ritmo lentamente. En el centro, el ambiente es más bien distendido porque el reparto de ayuda ha sido organizado. A pesar del fuerte temblor que los despertó la mañana del miércoles, la gente del barrio piensa que su situación va a mejorar.

“Lo que hace falta saber es cuándo van a parar todas estas réplicas. Necesitamos saberlo para volver a nuestros hogares”, declara una mujer, Léonie.

Varias calles del centro, especialmente cerca del palacio, han sido limpiadas y despejadas de enormes montones de basura, compuestos sobre todo de botellas y bolsas de plástico que los haitianos quemaban y de los que se desprendía un olor nauseabundo.

En el hospital central, donde el martes aún reinaba un inmenso desorden, con curiosos y familias enteras obstaculizando los pasillos, los soldados estadounidenses de la 82 división aerotransportada han puesto en marcha un estricto control.

Sólo se admiten a aquellos que pueden presentar papeles de identidad que establecen su función médica. “Una camiseta no es suficiente”, explica un militar que prohíbe la entrada a numerosos jóvenes vestidos con camisetas que dicen ayuda médica o ayuda internacional .

Por todo Puerto Príncipe, varios grupos bloquean tramos de calles prohibiendo con barreras el paso de vehículos. Han instalado campamentos con lonas y organizado cocinas colectivas, y a menudo pequeños puestos ofrecen diversos productos a la venta.

“Los grupos intercambian entre ellos lo que les sobra, gas por agua, comida por lonas, pilas por carbón”, explica un habitante, León Félix.

Un poco más lejos, un grupo de personas se ha reagrupado en un “comité de ayuda”. Han recuperado las vigas de una casa derrumbada para construir cabañas que empiezan a recubrir con plástico.

Un portavoz del grupo, Fritz Jérôme, explica que “cuando se es pobre, la solidaridad es esencial”.

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