Después de tres juegos, el Oriental trata de escaparse entre las sombras de una final que se le tornó una pesadilla, mientras los Leones empiezan a sentir el sabor de una presa a la que han atenazado y, peor aún, tienen mal herida.
¿Alguien lo imaginó? Es decir, ¿alguien pensó en esa posibilidad de ver a los Leones arriba 3-0, pero partiendo de reflexiones serias y no empujado por el fanatismo, que oculta defectos y agranda virtudes? Creo que ni Maritza Cordero, arquitecta del pujante equipo, a punto de coronarse, previó tal situación.
“Esto ni siquiera lo pensamos”, aceptó Edgard López, pero los hechos están ahí y una vez más nos muestran que la realidad, ciertamente, es más sorprendente que la imaginación. León está tan cerca de la corona, que la inquietud en la ciudad no es el cuarto juego, sino dónde van a celebrarla.
¿Podrá hacer algo aún el Oriental? Es muy difícil. Del equipo balanceado que miramos antes de la Final, lo que hay ahora es un grupo lleno de dudas. El pitcheo batalló en los primeros dos partidos, pero el domingo se derritió y a la ofensiva alguien le mojó la pólvora, porque no ha habido manera de hacerla explotar.
Y mientras eso ocurre, el staff felino ha crecido de golpe, los bateadores no han atacado de manera nutrida, pero han halado el gatillo cuando se debe, y la defensa se turnó un muro inexpugnable, mientras el mánager Róger Guillén, más que un atrevido, ha lucido como un genio. Los resultados lo respaldan.
¿Cuál ha sido el momento cumbre para el éxito leonés? Para mí hay dos: uno es el primer jonrón de Agustín Séptimo al inicio de la serie. Fue un golpe a la mandíbula del Oriental, del cual no sólo no se ha repuesto, sino que metió temor en su corazón.
El otro es el robo a tercera base de Eddy Talavera. En términos prácticos, fue una jugada inapropiada. Se perdía 2-1 en el octavo. Él ya estaba en posición anotadora. No tenía sentido irse a tercera y correr tanto riesgo, pero Eddy vio que el lanzador no le prestó mayor atención e inteligentemente se fue a tercera con éxito.
Lo peor vino después. El factor sorpresa sacó de balance a la defensa del Oriental y la bola se perdió en el tiro, cediendo el empate y luego se dio el arrebato del juego. Ese golpe fue más duro que el jonrón de Séptimo. Los felinos crecieron sobre ese momento y el Oriental de pronto se ha sentido inútil.
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