PUERTO PRÍNCIPE/Cables combinados.- Hambrientos y harapientos los sobrevivientes del terremoto en Haití clamaban ayer por alimentos y agua, mientras los donantes internacionales se esforzaban por determinar cómo enviar ayuda y los rescatistas libraban una carrera contra el reloj para liberar a los atrapados entre los escombros.
El gobierno de Haití por sí solo ya ha recuperado 20,000 cuerpos, sin contar aquéllos recuperados por sus familiares o los organismos independientes, dijo el primer ministro haitiano Jean-Max Bellerive a The Associated Press. Agregó que un saldo final de 100,000 muertos “parecería ser lo mínimo”.
Bellerive dijo que unas 300,000 personas están viviendo en las calles de Puerto Príncipe y que “darles agua, alimentos y refugio es nuestra primera prioridad”.
Había señales crecientes de que la ayuda extranjera y los rescatistas estaban llegando hasta las personas más necesitadas —incluso los sobrevivientes aún sepultados bajo toneladas de escombros— mientras otros se esforzaban todavía por resolver el problema sanitario que representan innumerables cuerpos abandonados en las calles.
Grupos numerosos de haitianos se agolpaban en torno de los trabajadores extranjeros que removían pilas de escombros de los edificios derrumbados con la ayuda de perros entrenados y en algunos casos palas mecánicas.
Los rescatistas introdujeron una cámara desplegable en un orificio en el derribado Hotel Montana y divisaron a tres personas con vida y escucharon la voz de una mujer que hablaba en francés, dijo David Betancourt, un trabajador ecuatoriano de la Cruz Roja.
FUERTE RÉPLICA
Las tareas de rescate se vieron paralizadas momentáneamente ayer, luego que un temblor de magnitud 4.5 en la escala de Richter —réplica del devastador terremoto que asoló Haití—, se registrara en el país caribeño, ante el temor de que se estuviera dando otro terremoto importante. El epicentro se registró a 25 kilómetros al oeste de Puerto Príncipe.
El Instituto Geológico de Estados Unidos informó que desde el gran terremoto del martes, de 7 grados Richter, se han registrado más de 50 réplicas de mayor o menor intensidad.
La de ayer, que según informaciones procedentes de Puerto Príncipe, volvió a sembrar el pánico en la capital haitiana, se produjo poco antes de las 11:00 a.m. (16:00 GMT).
Sin embargo, cinco minutos después, se restauraron las tareas de recuperación de cuerpos que se llevan a cabo contra reloj en muchos puntos de la capital haitiana.
PELEA POR VÍVERES
Un disturbio estalló en un estadio de futbol del centro de la ciudad transformado en un sitio de rescate, luego que helicópteros de la Armada estadounidense dejaron caer raciones de alimentos y líquidos embotellados. Aproximadamente 200 jóvenes pelearon entre ellos por los víveres y algunos arrojaron piedras.
Mientras la comida, el agua y otras formas de ayuda comenzaban a llegar a Haití en grandes cantidades, había señales de que los esfuerzos internacionales de asistencia reñían entre sí, mientras luchaban por llevar esas provisiones desde el atiborrado aeropuerto a los sobrevivientes hambrientos y demacrados.
- Los disparos al aire de la policía ahuyentan sólo unos minutos al grupo de haitianos que intentan entrar en una tienda de ropa del centro de Puerto Príncipe, devastado por el terremoto que convirtió a sus ciudadanos en ladrones debido al hambre y al abandono.
Un caos total reina en este corazón comercial de la capital haitiana, donde la ayuda humanitaria internacional debe trabajar protegida por dispositivos de la ONU armados.
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El ejército estadounidense, que se encuentra operando en el dañado y saturado aeropuerto principal de Haití, dijo que actualmente puede manejar unos 90 vuelos por día, pero que resultaban insuficientes para cubrir con todos los aviones que están siendo enviados por donadores extranjeros y gobiernos, por lo que ha pedido que algunos envíen su ayuda por tierra desde la vecina República Dominicana o por mar.
El ministro de Cooperación de Francia, Alain Joyandet, dijo a AP que él había entregado una queja oficial al embajador de Estados Unidos después que oficiales norteamericanos a cargo del aeropuerto de la capital haitiana le negaron permiso a dos aviones franceses para aterrizar. Uno de los aviones estaba llevando un hospital de campaña y el otro debía evacuar a ciudadanos franceses.

TENSIÓN ENTRE PAÍSES
Mientras aumentaban las señales de tensión y cuellos de botella en el aeropuerto internacional, el Presidente de Haití, René Préval, imploró el sábado a los donantes internacionales que coordinen mejor sus esfuerzos de ayuda y los exhortó a que no riñan.
“Ésta es una situación sumamente difícil, así que debemos mantenernos tranquilos para la coordinación y no acusarnos entre nosotros”, dijo Préval a reporteros después de reunirse con el embajador estadounidense y otras autoridades.
Destruidos el Palacio Nacional y varios ministerios, el presidente Préval se reunía con sus ministros al aire libre en un círculo de sillas de plástico, en un cuartel de policía ruinoso que es utilizado como su oficina principal temporal.
El presidente haitiano, René Préval, viajará el lunes a Santo Domingo para asistir a una reunión preparatoria de cara a la Cumbre Mundial por Haití —devastado tras el fuerte sismo—, convocada por el mandatario dominicano Leonel Fernández, informó la Presidencia dominicana.
En la reunión también participará la vicepresidenta primera del Gobierno de España, María Teresa Fernández de la Vega, así como representantes de los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, Brasil y embajadores de países de América Latina.
La Secretaria de Estado estadounidense, Hillary Rodham Clinton, llegó a Puerto Príncipe el sábado para hablar con el presidente Préval y funcionarios civiles y militares de varios países sobre cuál es la mejor manera de colaborar con las tareas de asistencia y con el gobierno local.
El Comando Sur de Estados Unidos dijo que tiene 24 helicópteros en misiones de ayuda —muchos de los cuales parten de buques anclados frente a la costa—, con 4,200 efectivos en el terreno y 6,300 más que arribarían el lunes.
HOSPITALES EN CAMINO
“Por el momento no se puede llevar nada por aire a Puerto Príncipe. El aeropuerto está totalmente congestionado”, dijo el portavoz de la Cruz Roja Internacional Paul Conneally .
Conneally dijo que la caravana llevaba un hospital de campaña de 50 camas, equipos quirúrgicos y una unidad de telecomunicaciones. En Ginebra, el vocero Matthew Cochrane dijo que dos hospitales de campaña más grandes llegarían en las próximas horas.
La Cruz Roja calcula que entre 45,000 y 50,000 personas murieron por el terremoto de magnitud 7 del martes. Los trabajadores enterraban cuerpos en tumbas colectivas, pero numerosos cadáveres seguían en las calles y aún se veían extremidades que sobresalían entre los escombros.
Otros cuerpos terminaron amontonados en camiones para luego ser quemados en las afueras de la ciudad. Los pobladores se ponen pasta de dientes en las fosas nasales y ruegan por mascarillas para no sentir el olor.
“Si el Gobierno aún existe y Naciones Unidas anda por aquí, espero que nos puedan ayudar a sacar los cuerpos”, dijo Sherine Pierre, una estudiante de Comunicación, de 21 años, que perdió a su hermana al derrumbarse su casa.
Se estima que un tercio de los nueve millones de haitianos necesitarían ayuda. El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, dijo que el Programa Mundial de Alimentos repartía galletas de alto contenido energético y comidas listas para consumir a unas 8,000 personas “varias veces por día”.
“Obviamente, es sólo una gota en el mar ante la enorme necesidad, pero la agencia irá incrementando (la ayuda) para alimentar a alrededor de un millón de personas en 15 días y a dos millones de personas en un mes”, manifestó.
“Hay mucha gente armada y la calle está llena de delincuentes porque todos los presos se escaparon. Cerca de aquí dispararon a efectivos brasileños”, agrega otro oficial, armado únicamente de un bastón de madera.
“Alrededor de los tres días, la gente empezaría a sucumbir”, dijo el doctor Michael VanRooyen, de la Iniciativa Humanitaria de Harvard en Boston. Aún así, había algunos triunfos increíbles. “Es un milagro”, exclamó Anne-Marie Morel, con los brazos levantados al cielo, cuando un vecino fue encontrado vivo en los restos de su casa. “¡Tonterías, no hay Dios ni hay milagro!”, le gritó Remi Polevard, otro vecino, cuyos cinco hijos estaban enterrados en los escombros. “¿Cómo pudo hacernos esto?”
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