En el cementerio general se encuentran los restos de personalidades del ámbito político y cultural, convirtiéndolo en un atractivo para los visitantes.

La Ciudad de los Muertos

Al llegar la medianoche, un sacerdote camina lentamente sobre las tumbas. Al poco rato, un niño lo alcanza, le toma de la mano y lo acompaña en aquella caminata nocturna.

Por Elba Cristina Parrales

Al llegar la medianoche, un sacerdote camina lentamente sobre las tumbas. Al poco rato, un niño lo alcanza, le toma de la mano y lo acompaña en aquella caminata nocturna. En otro momento se oyen los quejidos lastimeros de una enfermera y dos gemelitos lloran desconsoladamente llamando a su madre. Pero no todo es tristeza.

A veces son los soldados quienes arman el alboroto, como si estuvieran en su día de pase en alguna cantina.

Nada de esto sería extraño de no ser que la enfermera murió hace años en un trágico accidente y también el sacerdote, el niño, los gemelos y los soldados de la Guardia Nacional, muertos durante la insurrección y que fueron enterrados en masa, en una fosa común. Todo esto sería normal de no ser que éste es el Cementerio Occidental o General y que, según algunos, cobra vida a la medianoche.

Son historias que se pueden oír cualquier día, de la boca de alguno de los muchos seres vivos que han hecho del cuido de los muertos su forma de vida. Contrario a la repetida frase de “descanse en paz” con que se deja a los muertos, los cementerios tienen una vida intensa. No he terminado de oír las historias de muertos resucitados cuando varias personas, entre jóvenes, adultos, mujeres y niños se me acercan como si fuese una turista en una ciudad donde hay mucho por conocer.

–Dígame a cuál tumba quiere ir, ¿la de Camilo Ortega, la de los Somoza, la de los terremoteados? ¿Qué trabajo quiere que le haga? ¿Limpieza, construcción? ¿Anda buscando lote? Pregunte, yo lo llevo… eso sí, me da para un helado –me dice y aguijonea inquieto José Luis, un niño de 10 años que trabaja en el cementerio desde hace tres años. Su brazo derecho lo tiene enyesado luego que se resbalara en un hoyo mientras cavaban una tumba.

El cementerio parece una ciudadela de tumbas y mausoleos, algunos grandes y construidos como una casa, pirámide u otra arquitectura rara; otros tan profundos como túneles. Hay quienes construyen capillas para sus difuntos, les ponen imágenes, pedestales, maceteras y bancas para sentarse. Muchos están construidos de mármol. Pero las personas que no tienen recursos económicos solamente ponen una cruz de cemento, otros sencillamente flores artificiales y el nombre en una tabla o en el muro si está cerca de éste.

Amalia Robleto “viene a visitar a su difunto marido” cada seis meses. Su único hijo le ayuda a pagar la construcción de una capilla de mármol que está construyendo en la tumba de su esposo; la vigilancia y mantenimiento de la tumba las paga ella . Afirma que ir al cementerio le permite tener cierto vínculo con su esposo, llevándola a una comunión sentimental y espiritual. “Cada vez que vengo, siento que estoy cerca de él, siento paz y tranquilidad”, comenta la señora mientras cierra los ojos y reza un padrenuestro entre susurros.

Ignacio Morales da mantenimiento y limpieza alrededor de 100 tumbas, recorre las 40 manzanas (aproximadas) del cementerio en una bicicleta. Se sabe la historia del cementerio “más que la de Nicaragua”, tiene 30 años de trabajar ahí y afirma que las historias de espíritus y fantasmas que le cuenta a algunos curiosos son una manera de entretenerse en ese lugar tan pasivo y aburrido. A él nunca lo han asustado, pero, según él, se sabe las experiencias de otros vigilantes que sí se han llevado un mal rato.
Los cementerios tienen una tradición cultural ocultista. Según Ignacio, muchas personas profanan tumbas o hacen brujerías. Luis, un vigilante, desmiente a Ignacio y asegura  que en los cuatro meses que tiene de laborar ahí no han encontrado muñecos con agujas o hechizos, por ejemplo.  “Lo único que nos ha asustado son los entierros de pandilleros, ésos están vivos, ésos sí nos pueden hacer algo, mientras que el muerto, muerto está”, dice para convencerse a él mismo que no tiene miedo de quedarse por las noches a cuidar de los ladrones o de personas que llegan a ingerir alcohol. Sobre los entierros de pandilleros se refiere a uno que se llevó a cabo recientemente. Luis cuenta que la Policía tuvo que venir a enterrar a un muchacho que, según sus allegados, era peligroso y que pertenecía a una pandilla. Los enemigos del difunto querían sacarlo del ataúd para quemarlo en la calle, no permitían que lo enterraran.

El cementerio tiene una tradición cultural ocultista, aunque los vigilantes aseguran que sólo son historias para asustar a las personas.

Pero no todos los entierros son así de tormentosos. El promedio de sepelios es de tres a cuatro diario en ese cementerio. Se calcula que ahí hay más de un millón de enterrados sin contar los ataúdes que sacan para enterrar otros recientes. La canción “lo que más quiero, madre mía, es verte de nuevo”, es común escucharla al son del mariachi que acompaña el dolor de los hijos al perder a su madre. Otros sencillamente entierran al difunto sin mucha ceremonia y se van.

En el Cementerio General, fundado en 1923, están enterradas muchas personas del ámbito político de Nicaragua. Situación que permite recordar un poco la historia y de quienes han tenido el liderazgo máximo. Ejemplo de ello, la tumba donde se había enterrado a Anastasio Somoza García y a Luis Somoza Debayle.

Cierta gente opina que en este cementerio los muertos no logran descansar. Se dan situaciones similares a las que se dan en el resto de la ciudad. Robo (joyas, ropa u otra cosa de valor a los difuntos y visitantes), pleitos por título de propiedad o usurpación, estafa de algunos que venden lotes ya comprados. Hay escasez de agua, los cables de los postes de luz junto a las bujías se las roban, hay problemas con la electricidad.

¡Hasta su propia chureca tiene este cementerio! Está a un costado donde hay desperdicios incluso de los vecinos que llegan a tirar la basura ahí.  

Y no son pocos los que creen que los muertos campean a sus anchas durante la noche y que puede comprobarse en los quejidos lastimeros de la enfermera o la samotana que arman los guardias a la medianoche.

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COMENTARIOS

  1. El_Mero_Mero
    Hace 17 años

    Que miedo…

  2. fernandez
    Hace 17 años

    La Biblia dice que los muertos estan dormidos hasta el dia de la resurrección, por lo tanto no pueden asustar. Quien lo hace es satanás, que se aprovecha de cualquier situación para extraviarnos.

  3. luciana
    Hace 17 años

    eso es cierto lo que dice fernandez..
    eso lo hace SANTANAS….
    para eso debemos estar en paz con DIOS…

  4. Junioro
    Hace 17 años

    Satanas? jajajajaja

  5. Miriam
    Hace 17 años

    Son historias, los muertos descansan en la paz del Señor, el que se va a ala otra vida no regreza, nunca se ha sabido que un muerto diga como es el mas alla.

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