Por Edgard Rodríguez C.
Los héroes suelen tener una visión mucho más clara del riesgo y de la gloria que los simples mortales. Esa frontera, a veces imperceptible, es la que separa a los hombres que dejan huellas de los que se dedican a contemplar los hechos.
Después del juego de anoche, no sé dónde ubicar a Róger Guillén, el esforzado mentor de los Leones, a pesar de que ya dio un primer paso en esta Final contra el Oriental, el equipo favorito.
Los Leones ganaron y lo hicieron con toda legitimidad. Esa furia de Agustín Séptimo fue impresionante, igual que el desempeño de Gonzalo López, y ambos, junto a Wilder Rayo, terminaron convertidos en héroes de este primer duelo.
Sin embargo, si hubiesen perdido, gran parte de la responsabilidad habría recaído en Róger, por su excesiva confianza en Gonzalo, por haber otorgado una base intencional que situaba en primera la carrera del triunfo y por no haber tocado cuando era necesario.
El beisbol moderno propone que los abridores caminen seis episodios o a lo sumo siete. Y eso no es antojadizo. Obedece a estudios y análisis profundos realizados por expertos del beisbol de Grandes Ligas. Luego vienen los relevistas.
Anoche, Guillén hizo caminar a Gonzalo hasta el octavo, lo cual sería comprensible si tuviera problemas con su bullpen; pero su cuerpo de relevistas es el mejor de la liga. Sin embargo, se arriesgó hasta el extremo y al final tuvo suerte.
¿No era mejor que viniera Wilder Rayo con las bases limpias a iniciar el octavo, que como lo hizo, con bases llenas y sólo un hombre fuera? Un hit de Danilo Sotelo en esas circunstancias echaba por tierra todo el esfuerzo de los melenudos.
Y uno de los hombres que tomó base en ese octavo fue Marlon Abea, transferido de forma intencional, para llenar las bases con el score 3-1. Es decir, Guillén puso en las almohadillas la carrera del triunfo. Pero, una vez más, se salió con las suyas.
En la campaña, acostumbró tocar al inicio del juego. Anoche no lo hizo después de hit de Brian Nichols en el noveno, con Ramón Flores al bate. Flores tocaba, ponía a Nichols en segunda y aunque transfirieran a Luany Sánchez, venía Juan Carlos Urbina al bate.
Una carrera más habría dado más flexibilidad al score y tranquilidad al relevista Rayo en el cierre del juego, pero a fin de cuentas, nada de eso fue necesario. Guillén se alzó con la victoria, a pesar de que para algunos actuó como un temerario, pero para otros fue un genio.
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