Por Edgard Rodríguez C.
Ralph Kiner, el explosivo bateador que tuvo Pittsburgh entre los años cuarenta y cincuenta, tenía una manera muy singular de establecer la diferencia entre los artilleros en el beisbol de Grandes Ligas.
“Los jonroneros viajan en Cadillac. Los hiteadores en otros autos”, decía Kiner.
Y es que quien envía la bola por encima de la cerca, al igual que el que anota los goles en el futbol, es el centro del espectáculo, pero es también quien tiene la mayor cuota de responsabilidad en el éxito o fracaso de un club.
En nuestro beisbol algunos bateadores no han entendido ese compromiso, o no han asumido el reto. El problema es que por lo general, se concentran más en el average que en la búsqueda de los jonrones, la manera más expedita de producir carreras y hacer ganar a sus equipos.
Otro inconveniente es que los bateadores de poder cada vez son menos. Aquí no pasamos de Justo Rivas, Esteban Ramírez y Lenín Aragón, con uno que otro que se les acerca, aun sin disponer de la potencia necesaria. Eso sí, ninguno de los actuales tiene la fortaleza de Pedro Selva y menos la de Ernesto López.
Me parece que, además de no asumir el reto de buscar las verjas, el beisbol nacional pasa por una carencia enorme de gente fuerte. Artilleros de la talla de Luis Fierro, Calixto Vargas, José Ramón y Orlando Ocampo, Ariel Delgado, Pablo Juárez, cada vez son más extraños.
Y aunque a fin de cuentas es la velocidad de swing la que genera el poder, es natural ver la crisis en su mayor expresión, cuando los jugadores son pequeños y carecen de cuerpos compactos y fuertes.
El bateador de poder es el mejor valorado en el beisbol. Es el que produce las carreras. Y si batear es la acción atlética más difícil, imagínese cuánto más complicado debe ser conectar la bola con potencia, con el riesgo de poncharse a cada instante.
El actual líder de bateo en la Liga Profesional es Justo Rivas, que es de paso el hombre de más poder, pero parece más atraído por cetro de average que por las bardas.
Y aquí ha habido casos extremos. En 1998, Orlando Ocampo terminó con .391, seis jonrones y 32 remolques. Ese mismo año, Lonnie Jackson tuvo 68 empujadas y obviamente, fue más útil para el equipo del Norte.
Casi no tenemos gente fuerte, y los que disponen de fortaleza no quieren correr el riesgo.
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