Rusia habría asegurado a Nicaragua créditos “para los más diversos fines” hasta por dos mil millones de dólares, justo después que el presidente Daniel Ortega reconociera la independencia de los Estados separatistas de Abjasia y Osetia del Sur, de acuerdo con reportes de la prensa de Moscú.
La agencia EFE publicó ayer un amplio reportaje, titulado “Moscú, otra vez la Meca de la izquierda latinoamericana en el poder”, en el cual suman en dos mil millones de dólares los fondos que el Gobierno de Rusia habría asegurado al de Nicaragua, citando informes no oficiales de la prensa rusa.
ORTEGA EN MOSCÚ Y LOS MILLONES PROMETIDOS
El ex comandante sandinista (Ortega), bajo cuyo anterior gobierno el giro comercial con la URSS llegó a centenares de millones de dólares al año, hizo el regalo más preciado para el Kremlin.
Ya al inicio mismo de su visita (a Moscú), Ortega anunció el reconocimiento de Abjasia y Osetia del Sur, cuya independencia Rusia defendió por las armas en la guerra de agosto de 2008 contra Georgia.
Las fuentes oficiales rusas nunca han dicho cuál ha sido la recompensa por esa “decisión soberana”, pero la prensa rusa cifró en dos mil millones de dólares los créditos rusos para los más diversos fines.
Se trata de los más diversos suministros, desde un centenar de autobuses y hasta el relanzamiento de la cooperación técnica militar y la participación en el “plan de desarrollo” promovido por el gobierno sandinista.
El gobierno de Ortega también ha recibido cientos de millones de dólares provenientes de la cooperación venezolana, aunque no son presupuestados, bajo el alegato de que se trata de un convenio “entre privados”.
RUSIA ATRAE A LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA
Moscú se convierte otra vez en Meca para la izquierda latinoamericana gobernante, cuyos presidentes acuden a Rusia en busca de contratos, créditos y armas.
Por su parte, el Kremlin pretende ofrecer en América Latina una alternativa a la hegemonía de Estados Unidos y hallar a nuevos aliados en la lucha contra la “hegemonía en el mundo de un solo país, por muy poderoso que sea”.
Para el Presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, que el año pasado visitó Perú, Brasil, Venezuela y Cuba, “el desarrollo de las relaciones con América Latina no es una decisión coyuntural, no es el deseo de competir con alguien, sino una opción consciente”.
El socio más antiguo es Cuba, cuyo líder, Raúl Castro, también acudió este año a Moscú para “relanzar” las relaciones bilaterales, deterioradas tras la caída de la URSS.
Tras siete días de reuniones en Moscú, empapados de nostalgia y reencuentros, el hermano menor de Fidel se fue de Rusia con un memorándum de cooperación estratégica, casi cuatro decenas de acuerdos y, según el Ministerio de Finanzas de Rusia, un paquete de créditos por 354 millones de dólares.
Sin embargo, el principal aliado y socio estratégico de Moscú en el Hemisferio Occidental ya no es Cuba, que, según un diplomático cubano, “ha olvidado lo sucedido”, en alusión al abandono por Moscú de su antiguo aliado en los pasados años noventa.
Su lugar lo ha ocupado Venezuela, cuyo Presidente, Hugo Chávez, es huésped frecuente en visitas en Moscú y su país, el cliente más importante de la industria militar rusa en América Latina.
Poco después de que Chávez anunciara el reconocimiento de Abjasia y Osetia del Sur, que para el Kremlin parece haberse convertido en la prueba final de amistad, Medvédev anunció que “Rusia suministrará a Venezuela los tipos de armamento que Venezuela pida”.
La cooperación ruso-venezolana se ha multiplicado por 30 en los últimos cuatro años y las partes prevén acelerar su crecimiento no sólo en el terreno militar, sino también en el ámbito de la energía, los hidrocarburos, electricidad e infraestructuras.
Este año, por primera vez en la historia, un mandatario boliviano visitó el Kremlin.
“Nunca en mi vida había pensado que una potencia mundial como Rusia iba a recibir a su Presidente (de Bolivia), a veces acusado de terrorista, de narcotraficante, discriminado”, declaró en Moscú Evo Morales.
El Presidente boliviano se fue de Moscú con dos acuerdos de cooperación, en el ámbito técnico-militar y de control del tráfico ilegal de narcóticos, y un memorándum de entendimiento para la lucha contra las secuelas de fenómenos naturales.
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