Texto y fotos por Félix Rivera Méndez
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Se resbaló por el angosto caminito lodoso y lizo. En sus hombros carga un pesado saco de café. Detrás de él va su pareja. Otilio Estrada y Jhohanna Castro, de 28 y 22 años, cortan café en la hacienda Los Potrillos, en Jinotega. Su meta es lograr doce mil córdobas en dos meses de cortes para construir una casita en el valle de San Esteban, del mismo departamento.
No tienen hijos, pero antes que llegue el primero, esta pareja de cortadores quiere tener una “ranchita” que los albergue, donde no se mojen y no anden “rodando”.

La misma meta comparten la mayoría de los 350 cortadores de café que trabajan en Los Potrillos, donde se cosecharán este año 15 mil quintales de café oro en una parte de las 500 manzanas de la hacienda, una empresa agropecuaria que además cuenta con 350 manzanas de pasto con más de 300 bovinos Brahaman, otra área para granos básicos, 60 manzanas de naranjas valencia y el resto de las 1,000 manzanas son montañas.
Domingo se internó en los cafetales de las haciendas cafetaleras Los Potrerillos y San José para conocer y contar cómo se desarrolla la temporada cafetalera en el departamento que más produce café en el país.
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Es temporada de vacaciones escolares y los niños se les pegan a sus padres, van al corte y junto a ellos trabajan duro. “Si no aceptamos los niños, sus padres se van y no cortan café”, explica el mandador, Rafael Armando Meza González.
También hay personas de la tercera edad. Doña Guadalupe González García tiene 73 años, tuvo 17 hijos, 6 ya muertos. Belkis, de 13 años, y Jackson José, de 7, cortan café junto a ella. La niña corta 3 latas diario; el niño, una.
—No tengo de qué vivir. A mis años me siento vencida por el tiempo. Mi marido, Pìo García Valdivia, tiene 90 años, ya no puede caminar ni trabajar— dice la anciana.
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Con el intenso frío que cala los huesos y entre una densa capa de neblina, los cortadores marchan en fila india llevando canastos en la cintura, sacos y machetes. Van vestidos con suéteres, chaquetas, gorras o sobreros. Todos van listos para iniciar una jornada dura bajo adversas condiciones climatológicas, terrenos y topografía accidentada; todo para ganar dinero y sufragar parte de sus grandes necesidades.
Los 13 mil productores de café de Jinote cosecharán en este ciclo 2009-2010 un millón de quintales del grano, de los dos millones de quintales oro de café que se esperan a nivel nacional. En Jinotega se cultiva un área de 160 mil manzanas de café, lo que la convierte en el mayor productor del rubro a nivel nacional.
La caficultura llegó a Jinotega en 1867, según el ingeniero alemán Max Sonnerstern quien escribió parte de la historia y geografía de Nicaragua y afirmó que antes de ese año, en Yalí, ya se cultivaba el grano.
La primera parada de esta gira por la zona cafetalera es la la hacienda Los Potrerillos.

Aquí los hijos de los cortadores estudiarán en una amplia escuela construida por los propietarios, mientras sus padres se ganan la vida entre los arbustos de café.
La falta de lluvias de septiembre y octubre retrasaron la maduración del café en las partes altas –las más frías de Jinotega. Debido a eso, en los Potrerillos el corte no está parejo y los cortadores se quejan de que están cortando poco y ganando menos.
Joel Centeno y Jhohanna Castro ganan 107 córdobas diarios en el corte de café, pero esperan aumentar esa cantidad cuando el café madure y “esté parejo”. Con el dinero, dicen, “compraremos todo lo que hace falta a nuestras familias: ropa, comida y zapatos, estamos luchando para sortear esta terrible crisis”.
Edgar Rizo, administrador de la hacienda, dice que una parte de la cosecha ya “la remataron los dueños, mientras el resto será vendido en Europa y Estados Unidos”.
En Los Potrerillos las mujeres solteras cortan aparte de los hombres. Hay 80 mujeres, la mayoría jóvenes. En esas zonas hay cargadores contratados para que les ayuden en la faena. Los cargadores ganan 107 córdobas el día, más tres tiempos de comida y el alojamiento.

Lilliam Méndez Martínez, una joven de 22 años, vino desde su natal Siuna. Blanca, esbelta, la joven es madre de un niño. Sentada al pie de un plantío de café con una botella de fresco en la mano, luego de haber almorzado, dice que con su salario de cortadora piensa comprarle ropa a su hijo y sufragar algunas necesidades personales.
Mientras tanto, Miriam Chavarría y Clara Hernández, dicen que quieren ganar lo suficiente para construir una casita y estar junto a sus hijos y esposos. Rosario Peralta, Angélica García y Vilma González Tinoco invertirán lo que ganen en útiles escolares.
Entre las cortadoras también hay famosas. Eduviges López Aguilar, de 60 años, dice que “vivo saliendo en los canales de Managua sin ser artista. Cada temporada de corte, los periodistas que visitan la zona aprovechan para entrevistarla. De risa fácil, Eduviges dice que es feliz cortando café. Lo hace junto a sus nueve hijos y esposo. Aquí es llamada “La Reina de los Garabatos” porque utiliza dos garabatos con mecate con los que amarra las ramas de los árboles altos para facilitar el corte de café.
—El que me ande con mates y jodiendo aquí, lo ahorcó— dice y suelta una carcajada.
