Parte de las 80 mujeres solteras cortadoras de la hacienda Potrerillos, Jinotega, regresan de su dura jornada del plantío. El Raicerito.

Temporada de corte

Se resbaló por el angosto caminito lodoso y lizo. En sus hombros carga un pesado saco de café. Detrás de él va su pareja. Otilio Estrada y Jhohanna Castro, de 28 y 22 años, cortan café en la hacienda Los Potrillos, en Jinotega. Su meta es lograr doce mil córdobas en dos meses de cortes para construir una casita en el valle de San Esteban, del mismo departamento.

 

Texto y fotos por Félix Rivera Méndez
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Se resbaló por el angosto caminito lodoso y lizo. En sus hombros carga un pesado saco de café. Detrás de él va su pareja. Otilio Estrada y Jhohanna Castro, de 28 y 22 años, cortan café en la hacienda Los Potrillos, en Jinotega. Su meta es lograr doce mil córdobas en dos meses de cortes para construir una casita en el valle de San Esteban, del mismo departamento.

No tienen hijos, pero antes que llegue el primero, esta pareja de cortadores quiere tener una “ranchita” que los albergue, donde no se mojen y no anden “rodando”.

Llegó el ‘menú’ para las cortadoras en este recipiente de madera: Sardinas, arroz, frijoles y tortillas, más fresco de pozol. Fue el almuerzo del día.

La misma meta comparten la mayoría de los 350 cortadores de café que trabajan en Los Potrillos, donde se cosecharán este año 15 mil quintales de café oro en una parte de las 500 manzanas de la hacienda, una empresa agropecuaria que además cuenta con 350 manzanas de pasto con más de 300  bovinos Brahaman, otra área para granos básicos, 60 manzanas de naranjas valencia y el resto de las 1,000 manzanas son montañas.

Domingo se internó en los cafetales de las haciendas cafetaleras Los Potrerillos y San José para conocer y contar cómo se desarrolla la temporada cafetalera en el departamento que más produce café en el país.

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En esta zona cafetela de Jinoeta el almuerzo de los cortadores es transportado en un camión. Viene en un recipiente de madera con varios depósitos, donde están guardadas las tortillas, los frijoles, el arroz y sardina. El fresco de pozol viene en baldes. Todos los jornaleros hacen fila para recibir su ración.

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En la hacienda San José, propiedad de Juan José Rizo y su hijo, el ex diputado Eduardo Rizo, hay más de 100 cortadores para recolectar el grano que aquí está maduro y parejo. Entre los cortadores hay jóvenes, ancianos y niños.
Es temporada de vacaciones escolares y los niños se les pegan a sus padres, van al corte y junto a ellos trabajan duro. “Si no aceptamos los niños, sus padres se van y no cortan café”, explica el mandador, Rafael Armando Meza González.
También hay personas de la tercera edad. Doña Guadalupe González García tiene 73 años, tuvo 17 hijos, 6 ya muertos. Belkis, de 13 años, y Jackson José, de 7, cortan café junto a ella. La niña corta 3 latas diario; el niño, una.
—No tengo de qué vivir. A mis años me siento vencida por el tiempo. Mi marido, Pìo García Valdivia, tiene 90 años, ya no puede caminar ni trabajar— dice la anciana.

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Con el intenso frío que cala los huesos y entre una densa capa de neblina,  los cortadores marchan en fila india llevando canastos en la cintura, sacos y machetes.  Van vestidos con suéteres, chaquetas, gorras o sobreros. Todos van listos para iniciar una jornada dura bajo adversas condiciones climatológicas, terrenos y topografía accidentada; todo para ganar dinero y sufragar parte de sus grandes necesidades.

Los 13 mil productores de café de Jinote cosecharán en este ciclo 2009-2010 un millón de quintales del grano, de los dos millones de quintales oro de café que se esperan a nivel nacional. En Jinotega se cultiva un área de 160 mil manzanas de café, lo que la convierte en el mayor productor del rubro a nivel nacional.

La caficultura llegó a Jinotega en 1867, según el ingeniero alemán Max Sonnerstern quien escribió parte de la historia y geografía de Nicaragua y afirmó que antes de ese año, en Yalí, ya se cultivaba el grano.

La primera parada de esta gira por la zona cafetalera es la la hacienda Los Potrerillos.

Sra. Sandy Gómez y su niño, Lennie, descansan en la finca, San José, Jinotega, luego de cortar café.

Aquí los hijos de los cortadores estudiarán en una amplia escuela construida por los propietarios, mientras sus padres se ganan la vida entre los arbustos de café.

La falta de lluvias de septiembre y octubre retrasaron la maduración del café en las partes altas –las más frías de Jinotega. Debido a eso, en los Potrerillos el corte no está parejo y los cortadores se quejan de que están cortando poco y ganando menos.

Joel Centeno y Jhohanna Castro ganan 107 córdobas diarios en el corte de café, pero esperan aumentar esa cantidad cuando el café madure y “esté parejo”. Con el dinero, dicen, “compraremos todo lo que hace falta a nuestras familias: ropa, comida y zapatos, estamos luchando para sortear esta terrible crisis”.

Edgar Rizo, administrador de la hacienda, dice que una parte de la cosecha ya “la remataron los dueños, mientras el resto será vendido en Europa y Estados Unidos”.

En Los Potrerillos las mujeres solteras cortan aparte de los hombres. Hay 80 mujeres, la mayoría jóvenes. En esas zonas hay cargadores contratados para que les ayuden en la faena. Los cargadores ganan 107 córdobas el día, más tres tiempos de comida y el alojamiento.

Las hermanas: Elba Rosa y Jhohanna Gutiérrez, cocineras de la finca San José, Jinotega, necesitarán refuerzo. Pronto estarán echando diario unas 800 tortillas grandes.

Lilliam Méndez Martínez, una joven de 22 años, vino desde su natal Siuna. Blanca, esbelta, la joven es madre de un niño. Sentada al pie de un plantío de café con una botella de fresco en la mano, luego de haber almorzado, dice que con su salario de cortadora piensa comprarle ropa a su hijo y sufragar algunas necesidades personales.

Mientras tanto, Miriam Chavarría y Clara Hernández, dicen que quieren ganar lo suficiente para construir una casita y estar junto a sus hijos y esposos. Rosario Peralta, Angélica García y Vilma González Tinoco  invertirán lo que  ganen en útiles escolares.
Entre las cortadoras también hay famosas. Eduviges López Aguilar, de 60 años, dice que “vivo saliendo en los canales de Managua sin ser artista. Cada temporada de corte, los periodistas que visitan la zona aprovechan para entrevistarla. De risa fácil, Eduviges dice que es feliz cortando café. Lo hace junto a sus nueve hijos y esposo. Aquí es llamada  “La Reina de los Garabatos” porque utiliza dos garabatos con mecate con los que amarra las  ramas de los árboles altos para facilitar el corte de café.

—El que me ande con mates  y jodiendo aquí, lo ahorcó— dice y suelta una carcajada.

Sra. Guadalupe González y sus nietos: Jackson José y Belkis, luego de haber cortado café, en la finca, San José de Jinotega.

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COMENTARIOS

  1. Romeo Alfa
    Hace 17 años

    Hay que ir dignificando cada vez el trabajo de nuestras mujeres y darles la oportunidad para su superación. Los niños deben de ir a la escuela recibir clases de valores , amor al trabajo, oportunidad de jugar, recrearse y tener una vida digna como una persona valiosa para la patria.

  2. ARod
    Hace 17 años

    Buen reportage, pero dura la vida para estas personas. Yo he visitado algunas fincas en Jinotega, pueden ver las fotos aqui:
    http://picasaweb.google.com/raxxal/NicaraguaByRaxxal#

  3. CHRISTOPHER
    Hace 17 años

    Dios bendiga a todos

  4. ingrid schroeder ferretty
    Hace 17 años

    mis saludus a todas las mujeres cortadoras de cafe que dios las bendiga que las cuide y que logren sus metas esa es la cultura de nuestros campesinos honrados sencillos naturales valientes un saludo a todos los cortadores de cafe de nicaragua y que los duenos de las fincas ayuden a sus trabajadores que los apollen por que ellos se hacen ricos y los pobres mas pobres

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