Justo cuando habíamos vuelto a creer que el beisbol de Grandes Ligas estaba a una distancia inalcanzable, Everth Cabrera se le zafó al conformismo y nos dio una lección de voluntad, al realizar un espectacular salto que nos asombró a todos.
El chavalo que batallaba por hacerse un lugar en el beisbol nacional, se impulsó tanto como pudo y se convirtió en el shortstop titular de los Padres de San Diego, mientras maravillaba con su velocidad electrizante y su manopla segura.
Y ahora es el momento para el homenaje.
Cabrera, un diminuto pelotero de Nandaime, que juega con el corazón de un gigante, fue declarado ayer, por unanimidad, el Atleta del Año en nuestro país, en una de las escogencias más fáciles que la Asociación de Cronistas Deportivos de Nicaragua (ACDN) ha realizado en su historia.
Antes de ser seleccionado a través de la Regla V el año pasado, Cabrera no había jugado ni un solo partido encima de Clase A, pero aceptó el reto de luchar por un puesto y tras lucirse en los entrenamientos primaverales, les hizo fácil la decisión a los Padres.
Y durante 103 juegos se dedicó a esparcir su talento, su juego alegre y su entusiasmo sin fin, en los estadios de Grandes Ligas, justo como los hacía en el patio de su casa, en el campo de la escuela y el modesto parque de Nandaime, donde ahora es un ídolo.
Quizá lo más impresionante en Everth es que además de su talento especial, aún se puede apreciar en él la emoción sincera del deporte, la energía que le imprime a sus ejecuciones y esa determinación que tumba fronteras e ilusiona corazones.
Cabrera terminó este año con .255 en su promedio, debido a 96 hits en 377 turnos, con 59 anotadas y 31 remolques, más 25 robos en 33 intentos. Entre sus cañonazos destacan 18 dobles, 8 triples y dos jonrones, uno de ellos con bases llenas.
Pero más allá de las cifras, lo que vimos este año fue a un chavalo dándonos una lección de trabajo duro, voluntad firme y determinación de acero, mientras nos llenaba de orgullo y de paso convencía a los críticos, que le vislumbran un futuro resplandeciente.
Por ahora sólo resta decirle gracias Everth por el ejemplo que nos has dado.
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