“¿Por qué sólo cuando hay turqueaderas nos toman fotos? ¡Tómennos ahora, queremos salir en la portada!”, gritaron jóvenes integrantes de los llamados grupos de choque del oficialismo, las turbas, a las que el Gobierno de Daniel Ortega ha convertido en un grupo alterno de seguridad y que desde la mañana de ayer se paseaban entre los altares de la Purísima ubicados en la Avenida Bolívar.
Sus alardes frente a los periodistas confirmaron la sospecha. Eran los mismos integrantes de las turbas que el Gobierno ha utilizado en varias ocasiones para atacar a grupos opositores y miembros de organizaciones de la sociedad civil, cuando éstos han intentado realizar alguna protesta.
Ayer la función de las turbas era garantizar el orden en la celebración religiosa organizada por el Gobierno, a la que llegaría el presidente Ortega a repartir paquetes de alimentos a los pobres, que hacían fila desde temprano en las inmediaciones de Plaza de la Revolución.
Al parecer Ortega y la primera dama Rosario Murillo confiaron poco en los casi 600 agentes de la Policía Nacional, desplegados en la Avenida Bolívar y por eso mandaron a sus turbas a controlar la zona.
Desde antes de las 9:00 de la mañana los grupos juveniles de choque permanecían dentro de la zona de seguridad, que se estableció previendo la llegada del Presidente, entre los edificios de la Asamblea Nacional y Telcor (Telecomunicaciones).
Las turbas, algunos funcionarios municipales, policías y periodistas eran los únicos que se desplazaban por esa zona.
RESTRINGEN PASO
A partir del último retén, ubicado en la esquina del antiguo Cine González, el paso para los periodistas ya no estaba permitido, incluso para los equipos de los oficialistas Canal 4 y El 19 digital , que fueron detenidos por agentes de la Policía porque “la seguridad lo había prohibido”.
Pero los miembros de las turbas sí pasaban.
Uno de los oficiales de la Policía, a cargo del operativo de seguridad, dijo que cada grupo cumpliría una función. La Policía controlaba la seguridad en general y los grupos de choque del Gobierno serían los encargados de garantizar que, una vez abierta la única entrada a la plaza, ubicada en la esquina de la Asamblea Nacional, las filas de personas se desplazaran ordenadamente entre las vallas, hasta llegar a la plaza a recibir su “gorra” (paquete) y que luego salieran por la única salida, ubicada frente a la Casa de los Pueblos.
Varios agentes evitaron referirse a la “ayuda” que les darían los grupos de choque, limitándose a decir que ellos, como policías, cumplen órdenes.
DESMAYADOS
Mientras, los miembros de las turbas mataban el tiempo jugando a las cartas, conversando o tratando de dormir sobre el ya caliente pavimento, a la espera de que sus dirigentes les entregaran la camiseta blanca con la imagen de la Virgen y el mensaje gubernamental, que los identificaría en medio del mar de gente que desfilaba en busca de su paquete de alimentos los adultos y una bolsa de galletas y un juguete los más pequeños.
Pasadas las 2:00 de la tarde, y entre decenas de personas golpeadas y desmayadas, el acceso a la plaza fue abierto.
Entonces los jóvenes con pinta de pandilleros, que en otras oportunidades han aparecido en periódicos y la televisión en acciones violentas contra ciudadanos que protestan contra Ortega, comenzaron su trabajo de mantener orden en las filas de “devotos” que buscaban la “dádiva” del Gobierno.
Los policías, auxiliados de megáfonos, daban indicaciones generales a los concurrentes a la Purísima, mientras los jóvenes de las turbas impedían el desorden en las filas.
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