Aproximadamente el 36% de la población nicaragüense profesa la fe católica
Posiblemente muchos estemos contando con los dedos de las manos que estamos a un tuquito de salir de vacaciones tras un año de trabajo. Sin embargo aún nos quedan algunas efemérides que nos permiten acortar las semanas laborales. Por ejemplo la Purísima y la Navidad, efemérides en la cuales se manifiesta nuestra cultura e historia.
¿Qué cuenta la historia al respecto? La Purísima constituye todo un festejo dedicado a la Virgen María, inculcado por los españoles durante la Conquista. Ellos transmitieron a nuestros indígenas su cultura y celebración que aparece en el calendario católico y la cual se ha convertido en una tradición de generación en generación.
Se atribuye que en el año 1562 don Pedro Alonso Sánchez de Cepeda y Ahumada hermano de Santa Teresa de Jesús (fundadora de la Orden de las Carmelitas Descalzas) arribó al puerto de El Realejo, en el actual departamento de Chinandega con la imagen de la Virgen en su advocación de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción.
En el año 1857 monseñor Gordiano Carranza, desde el atrio de la Iglesia de San Felipe, en León, exhortó al pueblo a visitar casa por casa y alzar sus propios altares donde se rezara y cantara a la Virgen. Así la tradición fue llevada a Masaya, Managua y resto de departamentos de toda Nicaragua.
En nuestro país aproximadamente el 36% de la población profesa la fe católica. Esta cifra nos expresa que casi 2 millones de nicaragüenses hacen suya esta fecha.
De aquí la gran fiesta que apreciamos en los diferentes barrios donde se puede observar altares vistosamente decorados, con la presencia de la imagen de la Virgen María y las hileras de personas que rezan y cantan a la Virgen. A todo esto se le suman artistas del pueblo con trompetas, guitarras tambores, sin olvidar a la Gigantona y al Enano Cabezón. Qué decir del uso de la pólvora peligroso, por supuesto inventada por los chinos entre los siglos VII y IX y que es evidenciada con cohetes, cargas cerradas, cuyo propósito o fin es alegrar la fiesta.
Y qué decir de la repartición de frutas, caramelos, dulces tradicionales como las cajetas, el ayote en miel, los gofios, inclusive regalos.
Recuerdo una amiga que solía dirigirse al barrio Monseñor Lezcano donde recolectaba una serie de juguetes y con eso solucionaba los regalos de Navidad de su hija.
Hay otros barrios con menos presencia de la celebración, pero sin duda alguna constituye toda una tradición y una fiesta nacional. Disfrutémosla.
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