SANIAG, FILIPINAS/AFP y EFE
El Gobierno de Filipinas decretó estado de emergencia en el sur del país, un día después de una masacre originada por rivalidades políticas entre clanes que dejó al menos 46 muertos, entre los que figuran al menos 12 periodistas.
La policía descubrió ayer otros 24 cuerpos cerca de la aldea de Saniag, en la provincia de Maguindanao, que se suman a los 22 cadáveres localizados el lunes.
Las víctimas, entre las cuales hay 14 mujeres, fueron secuestradas el lunes por hombres armados que según parientes de las víctimas fueron pagados por el gobernador de la provincia, Andal Ampatuan, jefe de un clan musulmán.
Según el ejército y allegados a las víctimas, este último habría organizado la matanza para impedir que un rival, Esmael Mangundadatu, se presentase como candidato para elecciones programadas para el año próximo.
Los cadáveres, acribillados de balas, fueron retirados de varias fosas comunes, indicó el jefe nacional de la policía, Jesús Verzosa.
El ejército desplegó refuerzos en la región y la presidenta filipina, Gloria Arroyo, decretó el estado de emergencia en una parte de la isla.
El estado de emergencia concierne a la provincia de Maguindanao y a dos zonas limítrofes, con un total de 1.5 millones de habitantes.
MUJERES FUERON VIOLADAS
Entre las víctimas figuran también periodistas sin ningún vínculo con los dos clanes rivales, indicaron la policía y el ejército. Varias de la mujeres habrían sido violadas, según las fuentes.
Los periodistas acompañaban a la esposa de Esmael Mangundadatu que debía presentarse candidato para el cargo de gobernador de la provincia.
El jefe local de la policía fue destituido y detenido. Hay testigos que afirmaron que dos de sus tenientes y otros dos policías estaban presentes cuando se produjo la matanza.

Según la policía, numerosas víctimas, que fueron interceptadas
cuando circulaban en convoy, fueron muertas a balazos en el interior mismo de sus vehículos.
Los arreglos de cuentas y las violencias entre clanes rivales, que disponen de milicias privadas, son relativamente frecuentes en el sur de Filipinas, que es también escenario de un conflicto entre el ejército y los rebeldes separatistas musulmanes.
No obstante, la amplitud de la matanza y los objetivos que tuvo ésta, provocaron profunda conmoción en el país.
La Asociación Mundial de Periódicos condenó ayer la “horrible masacre” y llamó al Gobierno de Filipinas a “investigar urgentemente el ataque monstruoso y a llevar ante la Justicia a quienes lo han perpetrado”.
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