Nos describe la historia, maestra de todas las ciencias, que hace diez siglos, mil años antes de Cristo, las primitivas tribus germánicas ocuparon el territorio entre el Vístula, el más importante río de Polonia, al Este y el Rin al Oeste y lo denominaron Germania. Había nacido la nación alemana.
Centenares de años han pasado después de luchas, tragedias, triunfos y derrotas similares a otros acontecimientos europeos, cuando los primeros alemanes delimitaron su propio territorio en pequeñas parcelas independientes como un grandioso mosaico romano, siendo sus actuales herederos los 16 Estados (Länder) y dando origen a la hoy denominada República Federal de Alemania. Soñada y estructurada en pleno siglo XIX en los suntuosos salones del Palacio de Versalles por uno de sus próceres más brillantes, el príncipe Bismarck. En otros tiempos poderosas, monumental e imperial y orgullosos de sus castillos, palacios, lagos, nevadas montañas y señoriales paseos.
Tener curiosidad histórica en Alemania es saciarse diariamente al observar colosales monumentos en todas direcciones. Las catedrales, rascacielos de la Edad Media, inventadas para acercarse a Dios, entre más altas más sagradas, como la torre gótica más alta del mundo en la catedral de Ulm, o las dos frontales más perfectas esculpidas con las manos sagradas de los obreros renanos desde 1242 y terminadas seis siglos después, la catedral de Colonia. En ese país glorioso con tumbas y panteones de inmortales, donde han sentado cátedra el humanismo, la ciencia, la música, la literatura, el arte, la filosofía, en esa cúpula protectora de los escogidos, de los llamados, y donde siempre brillarán Mozart, Humboldt, Einstein, Schumann, Mendelssohn .
¿Y qué opinamos de la música? Comenzaremos con una anécdota del creador del romanticismo en Viena, a quien preguntaron cuántos idiomas hablaba para hacer comprender su música, y responde, mi música al oírla se entiende en todas las lenguas, palabras de Ludwig Van Beethoven, quien junto con Bach y Brahms formaron las 3B, del lirismo de la música clásica, Franz Schubert y sus 600 Lieders con 9 sinfonías, Händel y su grandioso Mesías, sin olvidar a Haydn y sus 100 sinfonías. Und so weiter, pequeños ejemplos de grandes hombres ilustres.
De los pensadores hay tanto que decir, esos talentos, los intelectuales, a la cabeza el enriquecedor de su idioma y colega de nuestro Rubén, el gran Goethe. El aristócrata Schiller, quien escribió la letra del Himno a la Alegría , obra de Beethoven en su novena sinfonía, y actual himno de la Comunidad Europea. Hölderlin, rebelde y místico. Sin olvidar a Gütenberg, inventor de la imprenta, con la letra grabada, el industrial de los pensadores.
Cada año celebran la Fiesta Nacional, la unificación. El derrumbamiento del Muro de Berlín, afrentosa herencia de Stalin y Ulbricht a la civilización occidental, la unión de la autocrática RDA con la democracia de la RFA sin muros, sin fronteras, con sonrisas, con afectos, la auténtica armonía de la Familia Alemana.
Un pueblo con tanto sufrimiento y humillaciones, en los años en que la historia arrogante e injusta decidió darle la espalda. Cuando entonces surgió el momento y aparecieron los Konrad Adenauer, Primer Canciller Federal, Willy Brandt llegó de su exilio en Dinamarca, el canciller Erhard, economista y gestor del milagro económico alemán. Con otros llegaron el canciller Kohl y el canciller Schröeder, cuando es elegida doña Ángela Mërkel, la única dama jefe de Gobierno de la Comunidad Europea, hace días comenzó su segundo período de gobierno, ganó las elecciones. De nuevo los socialdemócratas tendrán que esperar otros cuatro años. Así es la democracia.
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