El dios de los mariachis

Las canciones de José Alfredo Jiménez (1926-1973) siguen más que vivas al cumplirse 36 años del fallecimiento del artista, cuya presencia flota inexcusable sobre cantinas y corazones a merced de sus incansables clérigos, los mariachis.

MÉXICO/EFE

Las canciones de José Alfredo Jiménez (1926-1973) siguen más que vivas al cumplirse 36 años del fallecimiento del artista, cuya presencia flota inexcusable sobre cantinas y corazones a merced de sus incansables clérigos, los mariachis.

“Lejos de extinguirse, sigue brincando fronteras, siguen interpretándolo y cantándolo”, dijo en entrevista con EFE el sobrino del cantante y compositor, José Azanza Jiménez, director de la casa museo del artista, que registra ya 48,000 visitas en sus trece meses.

José Alfredo, autor de El rey y El hijo del pueblo , entre otros muchos éxitos, falleció un 23 de noviembre, por causa de la cirrosis, y cada año en esta fecha los mariachis van a cantarle a su majestuosa tumba, esculpida como un sombrero y un sarape (colorido rebozo de abrigo típico campirano).

Su pariente recordó a las musas, a las que dedicaba sus canciones este auténtico dios de los mariachis, que hace llorar, reír, lamentarse y celebrar a cualquier mexicano, así como a muchos foráneos.

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“A Lucha Villa le escribió Amanece en tus brazos; a Irma Serrano, que era una belleza con 20 años, una chiapaneca hermosísima, se dice que le escribió Si nos dejan”, mencionó, sin dejar a un lado los últimos años al lado de Alicia Juárez.

“Chavela Vargas no fue una de sus musas, fue una amiga de él, como Lola Beltrán, lo admiraban mucho y eran sus intérpretes, era gente muy cercana a José Alfredo, pero no en la alcoba”, añadió el sobrino del compositor.

“Vivió intensamente y por eso murió tan joven”, lamentó. “José Alfredo tomaba, de manera muy pausada, y nunca, nunca se transformaba en euforia loca, nunca le faltó al respeto a quienes compartían su alegría”, recordó su familiar.

Añadió que “era un hombre introvertido, algunos lo consideraban equivocadamente arrogancia y soberbia, pero no era así. Se disfrutaba mucho de su plática, y hablaba de política, de deportes (…)”.

La casa museo donde nació el artista, en el emblemático pueblo de Dolores Hidalgo (en el Estado de Guanajuato, centro del país, y lugar del Grito de Independencia en 1810) salió del patrimonio familiar y regresó a él en 1998.

Finalmente, hace trece meses, tras ser restaurada, abrió sus puertas a visitantes de tierras tan alejadas como Tailandia y Egipto. Está dividida en varias salas que van recogiendo, etapa por etapa, la vida del gran compositor.

Un cancionero interactivo y una lista de artistas, nacionales e internacionales, que han cantado sus éxitos (Jorge Negrete, Pedro Infante, Plácido Domingo, Julio Iglesias, entre muchos otros) están a disposición de los visitantes.

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