El bueno y el malo

Después de algunos meses de asistir al gimnasio, con el objetivo de mantenerme en “forma”, me encontré rostros conocidos y otros no tan conocidos. Algo que me llamó extraordinariamente mi atención fue ver nuevas panzas, estómagos abultados sin distinción de sexo, que de haber ingresado a una consulta de maternidad tal vez estuviese justificado, pero no, estaba en el gimnasio.

Ernesto González Valdés


Después de algunos meses de asistir al gimnasio, con el objetivo de mantenerme en “forma”, me encontré rostros conocidos y otros no tan conocidos. Algo que me llamó extraordinariamente mi atención fue ver nuevas panzas, estómagos abultados sin distinción de sexo, que de haber ingresado a una consulta de maternidad tal vez estuviese justificado, pero no, estaba en el gimnasio.

¿Cuál era el propósito de los que estábamos allí? Sin necesidad de aplicar una encuesta para algunos era entretenimiento y para otros bajar las grasas… ¿Grasas? ¡Colesterol! Lípido insoluble en el agua, que no se disuelve en disolución acuosa, como la sangre, sino que se deposita en los tejidos adiposos donde se almacenan como reserva.

Se ha determinado la existencia de dos tipos de colesterol: el “bueno” y el “malo”. Como bueno son consideradas las lipoproteínas de alta densidad (HDL), encargadas de evitar que el colesterol “malo” se adhiera a las arterias y las obstruya. Este último tipo de colesterol está compuesto por lipoproteínas de baja densidad (LDL), que pueden causar infarto de miocardio.

El colesterol “bueno” se produce en el hígado, circula en el plasma y es el encargado de captar el colesterol “malo” desde las células de los tejidos periféricos, fundamentalmente el de las arterias, y transportarlo hasta el hígado, donde es metabolizado y eliminado como sales biliares y colesterol libre. Según los especialistas, el HDL esconde el secreto de la longevidad, por lo tanto, quienes tienen la suerte de poseerlo en elevadas cantidades cuentan con una poderosa arma para vivir más.

¿Cómo evitar que el “malo” le gane al “bueno”? Existe una serie de factores que permiten aumentar los niveles de HDL, como hacer ejercicio, mantener un peso adecuado, suprimir el tabaco y una alimentación equilibrada con frutas, verduras, legumbres y pescados. Otros alimentos que bajan el “malo” y suben el “bueno” son el ajo, la cebolla cruda, las zanahorias y el brócoli, pero también comer poca carne y derivados lácteos con mucha grasa son de gran ayuda. Hay que eliminar los azúcares y el arroz.

¿Y los ejercicios? Realizar ejercicios de forma regular. Con los ejercicios también se eliminan o compensan los efectos del estrés sobre nuestra salud. La relajación promueve un mejor equilibrio hormonal y eso sin duda siempre ayudará a bajar el colesterol.

Lo anterior estimado amigo o amiga es ¡la “piedra” para que su “faja” pueda reducirse!

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí