Entrega contra reloj

Este trabajo es estresante. La felicitación o el regaño del jefe depende de muchos factores que se pueden escapar de las manos de Jhovanny Maltez, quien apresurado inicia la rutina de soltar el cinturón de seguridad con la mano izquierda mientras coge con la otra su “caja de herramientas” donde guarda empaques, papel, marcadores y lápices, abre la puerta, coge el radio comunicador y de un salto sale del vehículo para realizar su misión: entregar paquetes.

Martha Solano Martínez


Este trabajo es estresante. La felicitación o el regaño del jefe depende de muchos factores que se pueden escapar de las manos de Jhovanny Maltez, quien apresurado inicia la rutina de soltar el cinturón de seguridad con la mano izquierda mientras coge con la otra su “caja de herramientas” donde guarda empaques, papel, marcadores y lápices, abre la puerta, coge el radio comunicador y de un salto sale del vehículo para realizar su misión: entregar paquetes.

Esto es contra reloj. Lo más que puede demorar en la entrega de cada uno de los 25 paquetes que le han asignado esta mañana son cinco minutos, sin contar los otros 57 paquetes que debe dejar en Correos de Nicaragua y que impacientemente esperan en la parte trasera del microbús que le han asignado. El resto del tiempo se le va en atrasos por el tráfico, direcciones erradas, la falta de diplomacia de los vigilantes de empresas y, sólo por hoy, el atraso de media hora que le ocasionó el equipo periodístico. Media hora que más tarde  reducirá su hora almuerzo a la mitad.

Maltez, como le llaman por el radio, cubre la ruta seis, la zona costera del lago de Managua, Carretera Sur, Carretera a León y parte del Distrito Tres de la capital. Sus jefes de la compañía de envíos DHL lo recomendaron para esta crónica porque es uno de los mejores mensajeros que tienen. Y en el transcurso del día en que lo acompañamos demostró que sabe hacer su trabajo. Entre diplomacia y simpatía logra que los clientes a quienes les va a entregar paquetes pongan de su parte para no atrasarlo más de lo necesario.

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Aunque no ha estudiado inglés, con lo básico que le enseñaron en la secundaria Jhovanny Maltez sabe lo que significa el eslogan de la empresa: “To become number one, you have to be first”. Para ser el número uno, Maltez debe ser el primero y eso es lo que trata de hacer cada día con todas sus entregas.

De forma ceremoniosa, este moreno, bajito, explica que todos los paquetes que lleva en el microbús deben ser entregados antes del mediodía. Llegaron en un vuelo exclusivo desde Costa Rica y “los clientes no pueden esperar porque hay que cumplir con el estándar de tiempo que pagan”, dice.

La mañana está tan calurosa como en verano, pero aún así, este mensajero un poco hiperactivo se cubre los brazos con un par de mangas improvisadas con las mangas de alguna otra camisa azul que ahora combina con su característico uniforme rojo con amarillo.

El sudor que baja por su frente le recorre las mejillas mientras deja escapar un consejo: “Hay que tener a los vigilantes de buenas”. Se detiene frente al portón enmallado de una bodega de repuestos en Carretera Norte y pita para que el vigilante salga a su encuentro. El tipo con cara de pocos amigos, aún viendo el vehículo con el logotipo de la empresa de envíos, se hace el desentendido y pregunta a qué llegamos.

–¡Buenos días doctor!– le dice Maltez con una sonrisa interesada en calmar la desconfianza y  agilizar su tarea. Los cinco minutos máximo están corriendo. El vigilante reacciona al saludo amistoso y nos deja pasar.

—¿Ya sabe dónde es?– pregunta.

—Sí, como no, doctor– le responde Maltez.

—Acordate de pedir una hoja de salida.

—No, no. Hoy sólo vengo a entregar un paquete, le responde a gritos Maltez,  acelerando la marcha para cumplir con el tiempo límite.

Para la empresa el tiempo vale oro y para Maltez el tiempo pone en juego su almuerzo que al final no pudo realizar por todos los retrasos de la mañana. Ésta no es la primera vez que le pasa. Tampoco es la primera vez que trabaja como mensajero. Antes había sido mensajero en una empresa de tarjetas de crédito y repartidor de comida rápida.

Ese último lo describe como el trabajo de un motorizado. Y aún con toda la presión de ahora, dice disfrutar mucho más la entrega de envíos por el contacto constante con los clientes. “Aquí se conocen lugares y se habla con la gente. Algunos ya me conocen porque son clientes frecuentes y ya saben cómo es el trabajo”, explica.

Ser mensajero no es el trabajo de sus sueños. A sus 29 años no ha podido aplicar sus estudios de operador de computadoras y mucho menos seguir sus planes de licenciarse como contador público. Pero bueno, de algo tiene que vivir y en esta rama de la mensajería ha encontrado el sustento para su hijo de tres años.

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COMENTARIOS

  1. JOSEP
    Hace 17 años

    SI DHL ES ASI POR QUE EN LOS EEUU ES LO MISMO Y TAMBIEN QUE NO SE SORPRENDA UN DIA QUE LO VAN A DESPEDIR COMO UNA BASURA ASI ES DHL YO ASI TRABAJE 5 ANOS CON ELLOS Y UN DIA TE DESSPIDEN Y NI TE DICEN POR QUE Y ES LA MISMA HISTORIA ALLI EN NICARAGUA AQUI EN EEUU Y EN ALEMANIA ASI SE TRABAJA ESTRESADO Y MAL COMIDO

  2. Flavio Ruiz
    Hace 17 años

    Josep, estás viviendo el sueño americano… felicidades!!!

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