Hubo una época en la que el mánager Julio Sánchez llegó a ser casi imprescindible en la conducción de los siempre polémicos Indios del Bóer.
Después de debutar como coach durante el Mundial de 1994 aquí, Sánchez se entrenó como mánager del Bóer en 1995, en aquellos torneos de Primera División, que contaban con sólidos equipos por la numerosa presencia de extranjeros, y lo llevó al título.
Sánchez cayó en gracia, sobre todo porque acabó con un extenso ayuno de 18 años sin un campeonato para el Bóer, cuyo último cetro había sido en 1977. Pero además, su facilidad de palabra, capacidad para motivar a su tropa y firmeza para ejercer disciplina, aumentaron su simpatía y se le puso al frente de la Selección Nacional.
Julio fue todo un acierto al mando del equipo nacional. Ganó medalla de plata en los Juegos de Mar del Plata, aseguró el boleto para las Olimpiadas de Atlanta ‘ 96, capturó medalla en los Juegos del Pacífico en Colombia y cerró con un bronce en la Copa de Cuba, para el más exitoso año de una Selección (1995).
Y cuando regresó al país, volvió a ser campeón con los Indios en 1996. Y tras un impasse en 1997, en el que ganó León en medio de una fuerte controversia por la repartición del dinero generado en la final, Sánchez se volvió a coronar en 1998, para un tercer título en cuatro años.
Pero de pronto, su magia se agotó. Dejó de ganar y ya volvimos a verlo sólo como coach, con algunas excepciones como timonel, que sólo servían para reiterar que su encanto había concluido. Y cuando comenzó la Liga Profesional, volvió a dirigir y volvió a fallar. Quedó eliminado.
Después de trabajar como coach junto a Noel Areas y Lourdes Gourriel, Sánchez apareció de nuevo al frente de la tribu ahora, y una vez más vuelve a fallar. Es destituido con el Bóer en el sótano y muchas flechas apuntándole.
Pero, ¿qué tan culpable es? Se puede debatir bastante, pero hay algo que no tiene discusión y es que cuando un equipo falla es responsabilidad del mánager encontrar la solución y Julio falló en eso.
Algo ha pasado con Julio, pero a menudo escucho que ejerce mucha presión sobre sus jugadores y que se precipita manejando el pitcheo. Y eso es grave. Quizá su puesto esté realmente como entrenador, porque como dirigente su magia se ha extinguido.
Ver en la versión impresa las páginas: 1 B