SAN SALVADOR/ACAN-EFE
El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, entregó hoy en un homenaje póstumo la máxima condecoración salvadoreña por su «aporte extraordinario al país» a seis jesuitas asesinados en 1989, al cumplirse 20 años de ese hecho.
Funes destacó que poner este reconocimiento en las manos de los familiares y compañeros de los jesuitas significa «retirar un velo espeso de oscuridad y mentiras para dejar entrar la luz de la justicia y la verdad».
«Significa levantar la alfombra polvorosa de la hipocresía y empezar a limpiar la casa de nuestra historia reciente», aseguró el mandatario durante una ceremonia celebrada en la Casa Presidencial.
«Queremos que este sea un acto de recuperación de la memoria colectiva, un reconocimiento a la labor de aquellos que siempre estuvieron de lado de los derechos humanos, de la democracia, de la búsqueda incansable de la justicia, de los pobres», resaltó.
Indicó que «si algo demostraron estos hombres con su muerte es que la historia no la escriben unos pocos iluminados, ni tampoco aquellos que empuñan las armas más poderosas».
Juan Antonio Ellacuría recibió, entre aplausos, de manos de Funes un pergamino y una caja azul con la condecoración José Matías Delgado en Grado de Gran Cruz placa de oro otorgada a su hermano, el sacerdote Ignacio Ellacuría, rector de la Universidad Centroamericana (UCA) asesinado en 1989.
A nombre de Ignacio Martí Baró recibió la condecoración el jefe del Departamento de Psicología de la UCA, el reverendo Mauricio Gaborit, mientras que Catalina Montes se hizo presente para recibir el homenaje a su hermano, el padre Segundo Montes.
La condecoración al jesuita salvadoreño Joaquín López y López la recibió Melvin Otero, director de Fe y Alegría, a la vez que por Amado López asistió el sacerdote Jon Sobrino.
El provincial de la Compañía de Jesús para Centroamérica, Jesús Salguero, recibió la condecoración de Juan Ramón Moreno.
El actual rector de la UCA, José María Tojeira, indicó, al intervenir en la ceremonia, que se trata de la primera vez que un Gobierno salvadoreño «reconoce pública y oficialmente el valor, la dignidad y los servicios que este grupo de académicos y hombres de fe prestaron» al país.
El 16 de noviembre de 1989, en el marco de una ofensiva emprendida por la entonces guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN, hoy el partido en el Gobierno), comandos del Ejército salvadoreño irrumpieron en la UCA y dieron muerte a los jesuitas, a la cocinera Elba Julia y a la hija de esta, Celina, de 16 años.
Por este crimen ya fueron juzgados en El Salvador, en 1991, una decena de militares, pero sólo dos de ellos fueron a prisión, aunque quedaron en libertad tras la aprobación en 1993 de una Ley de Amnistía tras los acuerdos que acabaron con la guerra civil (1980-1992).
La Audiencia Nacional española admitió en enero pasado a trámite una querella contra 14 militares salvadoreños acusados de delitos de asesinatos terroristas y contra el derecho de gentes.