Cuando la vida se convierte en inercia

El término inercia, el cual puede resultarnos familiar, ya que posiblemente fue motivo de estudio en las ciencias Física, a través de la denominada primera Ley de Newton o Ley de la Inercia, en la cual a modo de síntesis se considera una propiedad que poseen los cuerpos de no modificar su estado de reposo o movimiento sino es por la acción de una fuerza.

El término inercia, el cual puede resultarnos familiar, ya que posiblemente fue motivo de estudio en las ciencias Física, a través de la denominada primera Ley de Newton o Ley de la Inercia, en la cual a modo de síntesis se considera una propiedad que poseen los cuerpos de no modificar su estado de reposo o movimiento sino es por la acción de una fuerza.

Otra acepción de la palabra inercia: rutina. ¿Por qué se preguntará el tema de hoy? Cuando somos adultos y nuestros hijos e hijas ya se encuentran “encaminados”, algunas personas suelen comportarse como si todos los días se hace lo mismo: “… qué tal el trabajo hoy…” pregunta un miembro de la pareja; ¿respuesta? “… nada, igual que siempre”, añadiendo además este ultimo: “… me voy a acostar un poco tarde, duérmete, ya que debo presentar un informe para mañana en el trabajo”, por lo visto toda una sentencia.

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Si la rutina sigue, continúa, se incrementa la monotonía y el aburrimiento, no se hace un alto, donde uno o ambos tomen la iniciativa y reflexionen acerca de la situación, donde una primera opción podría ser la búsqueda de nuevas amistades no compartidas por ambos o la recuperación de viejas aficiones individuales, en general estímulos que le devuelvan las ilusiones y las iniciativas; una segunda opción será que la relación de la pareja se diluya y se llegue a un fracaso, después de años de relación.

¿Y existe alguna solución a tiempo? La probabilidad de que uno de los miembros de la pareja, o en el mejor de los casos, ambos, se tome o tomen la iniciativa de romper con esa “inercia” tolerada y compartida, retomando para ello el entusiasmo por la convivencia, es decir modificando la actitud, donde se ceda, uno u otro, ideal ambos, en que no importan los años de la relación y que hay tiempo para cambiar, ¿cómo? Es necesario que cada cual crea en su propia potencialidad, que muchas veces se desconoce o no se aprecia.

Es imprescindible que cada cual crea que la otra persona también es capaz de muchas cosas, aunque hasta el momento no lo haya demostrado; es vital que cada cual redescubra en su interior cualidades escondidas que seguramente tiene y aún no se han manifestado.

¿Y como materializarlo? A través del establecimiento de nuevos escenarios, por ejemplo visitar lugares diferentes, juntos, salidas a actividades culturales (cine, teatro), cultivar nuevas aficiones y distracciones no conocidas (me han dicho de un nuevo restaurante), olvidarse un poco del trabajo (sin dejar de cumplir los compromisos, las metas, las funciones), tal vez salir a la hora en punto al culminar su jornada laboral y sorprender a su pareja “… hoy te llevo a un lugar espectacular!”. No olvide usted que si hay amor entre ambos, se supone, entre otras muchas cosas, que existe (por uno o por el otro) la habilidad para crear espacios que faciliten que la otra persona sea ella misma, que tenga su propio espacio no compartido.

Recuerde que cuando existe motivación interior y exterior el resultado final es positivo y las emociones gratificantes están aseguradas.

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