El Obispo Auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, en una reciente homilía dominical se refirió al derecho que tenemos todos a expresarnos libremente en las calles, pero de manera pacífica sin llegar a hechos lamentables como agresiones a personas, ni destrucción de propiedades privadas a vista y paciencia de dirigentes sandinistas y la misma Policía Nacional.
Vimos el caso tan descarado de que una bancada de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, del partido rojinegro, dictara una sentencia que contradice todas las normas legales y la misma Constitución Política, como fue permitir mediante un remedo de resolución la reelección del presidente Daniel Ortega, traicionando el juramento que ellos hicieron ante Dios y el pueblo de Nicaragua.
Luego vimos a los magistrados del Consejo Supremo Electoral reconocer dicha sentencia con el mayor cinismo y eficiencia. Esa rapidez los nicaragüenses la esperábamos en las elecciones municipales, en las que despojaron a la población de un derecho humano como lo es el respeto al voto, algo que no se puede manosear.
En estos últimos meses al salir a los mercados, parada de buses, centros comerciales, entre otros, vemos mucha gente desesperada, sin esperanza, agobiada por la nueva crisis que producen estos acontecimientos, todo por las ambiciones del matrimonio Ortega-Murillo, que parecen vivir en otro país, no en Nicaragua.
Esta familia de verdaderos oligarcas, los Ortega-Murillo, no saben que ni la gente que votó por ellos los quiere en el poder, porque este matrimonio y sus funcionarios tratan tan mal a sus empleados con soberbia, prepotencia, palabras soeces, incluso hay asistentes que hablan hasta de maltrato físico de los “revolucionarios”.
El Salmo 37:1-2 dice que: “No te impacientes a causa de los malignos, ni envidies a los que cometen injusticias, porque pronto se secarán como el pasto y se marchitarán como la hierba verde”. Esto nos da la esperanza que jamás las fuerzas del mal vencerán al amor que Dios le tiene a Nicaragua.
Monseñor Báez señaló de manera sabia que se ha cometido pecado ante los ojos de Dios; “la injusticia, la ilegalidad, la corrupción, el enriquecimiento ilícito en cristianismo tiene un nombre: pecado”, e instó a no tener miedo para denunciarlo, sobre todo cuando se ven signos de muerte en nuestra sociedad, por el retroceso cultural, la intolerancia y la falta de caridad.
Por su parte el Arzobispo de Managua, monseñor Leopoldo Brenes, ha hecho un llamado a parar la violencia, y a los magistrados del Poder Judicial revisar ese fallo por el bien de Nicaragua.
A los obispos les preocupa la situación de Nicaragua y al igual que el Papa Benedicto XVI en su encíclica social, hacen un llamado a los gobernantes a tener caridad por su pueblo, para que en verdad reine la justicia, algo que no tiene eco en nuestra nación.
La autora es periodista
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