En un país donde la mayoría del pueblo se siente frustrada ante la inminente pérdida de la institucionalidad democrática y el descaro orteguista de seguir en el poder a sangre y fuego más allá del 2012, surge encomiable el esfuerzo de los líderes opositores Eduardo Montealegre y Arnoldo Alemán, por buscar puntos de coincidencias y una agenda común en su cada vez más pesado rol de líderes de una oposición disminuida, no tanto por la represión orteguista, sino por el canibalismo que aún impera entre la familia liberal que aglutina a la mayoría del pueblo nicaragüense.
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Alemán aún debe dar muestras claras de que su pacto con Ortega ha terminado y que puede volver a ser aquel líder vigoroso que lo llevó a la Presidencia en 1996, y eso lo puede lograr aunando esfuerzos con Eduardo, en la búsqueda de personas idóneas para postularlas en las próximas elecciones de magistrados en los diferentes poderes del Estado. Montealegre por su parte debe desprenderse de su válida desconfianza y actuar con mayor agresividad política y junto a Arnoldo nos devuelvan la esperanza de que la oposición se está fortaleciendo y no autodestruyendo.
El reto está planteado y se avizoran algunos logros importantes como resultado de sus últimos encuentros. En sus hombros descansan las esperanzas de salvar políticamente la grave crisis que en todos los ámbitos vive el país. Si se enfrascan en temas de forma y se siguen parando en pelos y no en los temas de fondo, tienden al fracaso y Nicaragua se hundirá en un profundo caos que puede desembocar en un conflicto violento de inimaginables consecuencias y que está latente en cada rincón del país.
Alemán dispone de una pléyade de personas con la suficiente capacidad política y estratégica para que estos esfuerzos iniciales sean exitosos. Montealegre también dispone de otro tanto, y entre los dos tienen la capacidad suficiente para elaborar, planificar y ejecutar los cursos de acción tácticos y estratégicos para cimentar con solidez un verdadero repunte de la oposición cívica del país. La desconfianza del uno para con el otro deben superarla con sinceridad, deponiendo sus propias apreciaciones y ambiciones, por el bien de una nación ávida de tener líderes en quien confiar.
Tanto Alemán como Montealegre están obligados a ser portadores de esperanzas para su millón de militantes así como también para una enorme masa de opositores sin partido, los nicaragüenses estamos pendientes de cada uno de sus encuentros, pedimos al Creador ilumine sus mentes y guíe sus pasos para salvar de la debacle a nuestro sufrido país.
El autor es director de Radio 15 de Septiembre
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