El dirigente de la Central Sandinista de Trabajadores (CST), Roberto González, sí tuvo valor para arengar contra el Embajador de los Estados Unidos, Robert Callahan, en Managua, pero cuando se trató de defender a sus afiliados despedidos en instituciones del Estado por supuestas intrigas de dirigentes del Frente Nacional de los Trabajadores (FNT), liderados por el otro sindicalista orteguista Gustavo Porras Cortez (quien cuenta con el apoyo de la primera dama Rosario Murillo Zambrana), ahí no dijo nada y más bien se refugió en su oficina y fue incapaz de enfrentarse a las injusticias denunciadas.
LA PRENSA/RENE ORTEGA