- “El país no aguanta más”, coinciden muchos
“Ya, que se resuelva esto; estamos hastiados”, afirmó el taxista Marvin Roque, de 34 años, quien reflejaba el sentimiento de muchos hondureños, esperanzados en el diálogo que se abrió ayer con el auspicio de la OEA para resolver la crisis política.
Más de cien días de convulsión ha vivido Honduras desde la destitución del presidente Manuel Zelaya, con manifestaciones callejeras de seguidores del Frente de Resistencia contra el Golpe, que han sostenido enfrentamientos con militares y policías, quienes los han reprimido a garrotazos y bombas lacrimógenas.
“No se puede trabajar, nadie está tranquilo mientras estos dos señores, Mel (Manuel Zelaya) y (Roberto) Micheletti, no se pongan de acuerdo, cualquiera que se quede en la presidencia, pero que ya se acabe esto”, dijo el taxista.
“Tenemos fe de que la gente que ha llegado del exterior nos ayude a resolver esta crisis, tiene que ser urgente que se resuelva, porque los hondureños ya no aguantamos”, expresó María Teresa González, de 53 años, dueña de una tienda de artesanía.
Ejemplificó que normalmente vendía hasta 15,000 lempiras (unos 750 dólares) en tres días, pero a partir de la crisis sólo hace unos 5,000 (250 dólares).
SOLUCIÓN URGENTE
“Esperemos que esto (la solución) no pase de hoy. Necesitamos urgente que se resuelva; no importa si llega Zelaya o se queda Micheletti, lo que necesitamos es paz”, subrayó.
En la humareda de su fogón de leña, Felicia, de 79 años, resume el hastío de la crisis: “No quiero oír hablar de Zelayas o Michelettis, ellos amarraron el nacatamal, ahora que lo suelten, se lo coman y nos dejan en paz”.
La mujer que vive en una casa de tablones en Camayagüela, la ciudad vecina a Tegucigalpa, agrega con sabiduría popular que “Honduras ya no aguanta más”, polarizada y económicamente golpeada.
Serpenteando los barrios opulentos o caseríos que cuelgan de las lomas de Tegucigalpa, al igual que las calles de lastre de la empobrecida Comayagüela, se lee en las paredes el polvorín de estos 100 días.
“Pinocheletti”, “Goriletti”, “Mel ladrón”, “Golpistas, a la mierda”, “A un golpe militar, un golpe popular”, “Alto a la represión militar”, tapizan las paredes.
“Ojalá se aplaquen. Que se arreglen como les convenga, porque los pobres nada ganamos con la política. Vivimos más estrechos, no rinde el pisto (dinero). El maíz, todo está caro”, dice Felicia.
Unas calles más allá, Erenia González, de 30 años, palmea tortillas para vender y ganarse 100 lempiras (5 dólares) al día. “Esa pelea por el gobierno golpea al pobre, no al rico, porque afecta las remesas que nos llegaban del extranjero y la ayuda económica a Honduras”, comenta.
Sin embargo, las estimaciones de los empresarios que en su mayoría apoyan a Micheletti, indican que todos han sido golpeados por igual. Los toques de queda, decretados por el Gobierno interino, afectaron sensiblemente los negocios, provocaron el recorte de personal en bares, restaurantes y hoteles, que lucen por estos días vacíos o con niveles de ocupación por debajo del 40 por ciento.