CORRESPONSAL/MATAGALPA
Fray José Ignacio Urbina Delgado y Fray Juan Ramón Morraz Molinares festejaron, este martes en la iglesia San José de Matagalpa, el 25 aniversario de su ordenación como sacerdotes, con una emotiva ceremonia concelebrada por el clero diocesano y miembros de la Orden Franciscana Menor, a la cual pertenecen los homenajeados.
Fray José Ignacio es el titular de la parroquia Inmaculado Corazón de María, en Matagalpa, mientras que fray Juan Ramón ejerce el ministerio sacerdotal en San Miguel, El Salvador.
Ambos, junto a Fray Justo Marvin Guillén Amaya, quien ejerce en Chontales, fueron ordenados sacerdotes el 29 de septiembre de 1984 por el fallecido Obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Carlos Santi, también de la Orden Franciscana Menor.
MAYOR CONCIENCIA
En la ceremonia, el Obispo de Matagalpa, monseñor Jorge Solórzano Pérez destacó que “en estos tiempos en que tantos vendavales azotan el ministerio sacerdotal y donde variadas opiniones, que no son ni de cerca mayoría, se inclinan por la minusvaloración de esta configuración con Cristo, Buen Pastor, es bueno y necesario que tomemos una mayor conciencia de la belleza e importancia del sacerdocio”.
Al finalizar la misa, fray Juan Ramón agradeció a Dios y a los asistentes indicando que “desde aquellos tiempos cuando trabajé en esta parroquia (entre 1990 y 1993) siento que todavía existe el calor, el cariño y el afecto”.
En tanto, fray Ignacio Urbina señaló que cumplir 25 años como sacerdote “es un milagro del Señor” y subrayó que en su vida sacerdotal ha tenido experiencias “fuertes”, por las cuales “no podré nunca separarme espiritualmente de esta Diócesis”.
Recordó que el 3 de julio de 1987 —cuando en plena guerra estaba como párroco de Matiguás—, junto a Fray Tomás Zavaleta, de origen salvadoreño, viajaban en vehículo desde la comunidad La Patriota hacia la sede parroquial en aquel municipio matagalpino.
A las 3:00 p.m. una mina antitanque TM-62M fue activada por el vehículo en el que viajaban los religiosos. Fray Tomás murió en el acto. Fray Ignacio estuvo gravísimo y tuvieron que someterle a delicadas operaciones que impidieron la invalidez.
“Él (fray Tomás) entregó la vida… yo casi la entrego, pero el Señor no me tenía preparado para hacerlo”, expresó fray Ignacio.