Meyling Marín, Master en Ciencias Ambientales. LA PRENSA/GUILLERMO FLORES

En armonía con el ambiente

Esteliana enamorada de las ciencias ambientalesFalta conciencia ambiental [doap_box title=»Meyling Marín, Master en Ciencias Ambientales, asegura aún falta conciencia ambiental.» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] “La educación es la clave, por ejemplo a mi hijo siempre le he enseñado a ahorrar agua, de manera que cuando ve a otros niños desperdiciándola les dice que cierren la llave porque […]

  • Esteliana enamorada de las ciencias ambientalesFalta conciencia ambiental
[doap_box title=»Meyling Marín, Master en Ciencias Ambientales, asegura aún falta conciencia ambiental.» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]


“La educación es la clave, por ejemplo a mi hijo siempre le he enseñado a ahorrar agua, de manera que cuando ve a otros niños desperdiciándola les dice que cierren la llave porque sino se secan los ríos. El trabajo debe empezar con los niños, para que cuando sean adultos tengan conciencia ambiental. Debería haber una clase en el pénsum académico, pero desde temprano, no hasta la secundaria cuando ya son casi adultos”.

Un consejo de Marín es no dejarse vencer por las dificultades que aparecen en el camino. “Cada una de las experiencias, por muy duras que sean, son una oportunidad para aprender y para crecer”.

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Natural, espontánea, alegre y decidida. Desde adolescente supo que quería trabajar por el medio ambiente. Aunque en ese momento parecía una carrera sin mucho mercado y enfocada más para hombres que para mujeres, Meylin Marín no dudó en sacar su licenciatura en Ciencias Ambientales.

Es originaria de Estelí, una ciudad con muchos recursos naturales. Cuenta que una vez que terminó su licenciatura obtuvo una beca para estudiar una maestría en Ciencias Ambientales en la Universidad Autónoma de Barcelona. Esta experiencia fue una excelente oportunidad para enriquecer su formación profesional, sin embargo también fue muy dolorosa, ya que tuvo que dejar a su bebé de apenas dos meses de nacido, fue hasta que su hijo tenía 14 meses que pudo volver a abrazarlo.

“El día que me dijeron que estaba seleccionada para estudiar en España y firmé los documentos para la beca, ese mismo día supe que estaba embarazada, pasé todo el embarazo aquí, pero justo cuando el bebé tenía dos meses tuve que viajar y dejarlo”. Añade que cuando dejó a su bebé pasó los momentos más horribles de su vida, los cuales logró superar gracias al apoyo de su madre y de sus compañeros de estudio que trataron en todo momento de animarla.

“Todos los sábados a las cinco de la tarde tenía una cita con mi hijo, eran los días más felices, mi madre iba al ciber para hablar conmigo y llevaba al niño donde podía verlo por vídeo”.

Experiencia profesional

Marín tiene 27 años, a su regreso de España ha trabajado en diferentes organismos no gubernamentales en Proyectos de Gestión Ambiental, donde se ha desempeñado como consultora. Uno de los proyectos que más le ha impactado es un estudió que hizo en la reserva natural Cerro Kilambé. “Es un bosque casi virgen, compartir con la gente fue una experiencia bastante enriquecedora. Es un ambiente completamente diferente, por la biodiversidad con la que cuenta. En esta zona se hizo un diagnóstico y encontramos que hay actividades que están haciendo malos manejos de los recursos forestales y de los recursos hídricos”.

Marín cuenta que le fascina lo que hace porque no es un trabajo monótono, ya que cada vez que hace una consultoría aprende algo nuevo. “No me equivoqué al elegir esta carrera, porque no podría estar atada en una oficina”.

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