- A un año de la quiebra del Lehman Brothers
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Notas Relacionadas > A un año de la declaración de quiebra del venerable banco de negocios Lehman Brothers, cuyas ondas de choque se propagaron al sistema financiero estadounidense y luego a toda la economía mundial, los defectos del sistema de regulación y de vigilancia bancaria sigue incompleto a pesar del proyecto de reforma impulsado por el Gobierno de Barack Obama; mientras que el mundo está sumido en la mayor crisis económica desde los años 30.
En la mañana del lunes 15 de septiembre de 2008, Lehman Brothers tomó al mundo por sorpresa al anunciar su quiebra, luego de un fin de semana de negociaciones de alto nivel, dando una cruda imagen de la crisis que ahora encamina al mundo a cerrar el 2009 con una caída de 1.4 por ciento de la economía, cifra que caerá un más, al 3.8 por ciento, en los países industrializados.
La caída de Lehman Brothers, una institución que tenía 158 años de existencia, fue precipitada por su incapacidad para refinanciarse luego de la crisis de las hipotecas y créditos de alto riesgo.
Dominique Strauss-Khan, director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), advirtió que la crisis aún no quedó atrás y que habrá que encontrar “nuevas fuentes” para estimular el crecimiento económico mundial, en una entrevista con el diario francés Le Monde publicada en su edición de este fin de semana.
Esto a pesar del plan del G20, lanzado en abril pasado en Londres, de inyectar a la economía mundial más de 750,000 millones de dólares.
Strauss-Khan exhortó de nuevo a los distintos países a reformar la regulación financiera en la cumbre del G20 en Pittsburgh (Estados Unidos) los días 24 y 25 de septiembre, y consideró que “no se va lo suficientemente rápido” en la cuestión de las bonificaciones de directivos de bancos.
“La economía está repuntando. ¡Muy bien! Pero hay que ser prudente (…) No demos a pensar que la crisis quedó atrás. Hemos salido de la crisis financiera”, pero “estamos aún en la crisis económica” y “sobre todo en la crisis social”, aseguró.
¿EJEMPLO DE LA CEGUERA DE LOS REGULADORES?
Uno de las principales autoridades de control, el presidente de la Reserva Federal (Fed) Ben Bernanke, juzgaba, el 15 de julio de 2008, que el sistema bancario estadounidense estaba “bien capitalizado”.
Desde esas palabras desafortunadas, quebraron, además de Lehman, más de 100 bancos estadounidenses.
Las inyecciones frenéticas de dinero en los mercados, las garantías a los depósitos de las cuentas monetarias, la compra de acciones de la banca y otros programas de intervención pública aún en vigor llegaron después de que las autoridades estadounidenses tomaran una decisión singular en la Reserva Federal de Nueva York.
Henry Paulson, el secretario del Tesoro, y Ben Bernanke, el presidente del banco central estadounidense, decidieron dejar que se hundiera Lehman Brothers, un gigante de las finanzas con 158 años de solera.
“Visto ahora, está claro que fue un error”, dijo a Efe John Boyd, asesor del Banco de la Reserva Federal de Minneápolis. “Entonces todo el mundo creía que los mercados habían anticipado y asumido que Lehman Brothers caería, pero su reacción fue una sorpresa”, añadió.
EL “GRAN PÁNICO” DEL 2008
El hundimiento de ese banco de inversión no fue la causa de la crisis financiera, pero sí el desencadenante del “gran pánico” de 2008, que a punto estuvo de provocar una trombosis en los canales financieros del mundo.
“El sistema financiero global estuvo muy cerca del colapso”, reconoció Bernanke en una entrevista en marzo.
Los problemas de Lehman Brothers eran conocidos: Se había endeudado tremendamente por la compra de activos cuya demanda se había hundido de forma súbita, en particular títulos hipotecarios estadounidenses. La caída del mercado inmobiliario significó su ruina.
Apuestas similares había realizado el banco de inversión Bear Stearns, al que el Gobierno se vio obligado a sostener en marzo de 2008 con un préstamo de 29,000 millones de dólares que permitió su compra por JP Morgan Chase.
“Paulson odió rescatar a Bear Stearns”, relató a Efe una fuente financiera cercana al actual gobierno que pidió no ser identificada.
Con acceso privilegiado a las cuentas de Lehman Brothers, él y Bernanke sabían que esa entidad sería la siguiente víctima y se pasaron seis meses pensando cómo dejarla quebrar si no encontraban un comprador, según la fuente.
TODO ERA UNA LOCURA EN ESOS DÍAS
Su objetivo era restablecer la disciplina de mercado con una señal de que el Gobierno no sería la tabla de salvación de todas las entidades.
Querían que los bancos limpiasen ellos mismos los pozos ciegos donde habían echado el papel “basura” y se lo pensasen dos veces en el futuro antes de especular de forma desenfrenada.
El tiro les salió por la culata a las autoridades porque no entendieron el alcance de los tentáculos de Lehman Brothers, lo que en sí mismo es una muestra de las lagunas en la normativa bancaria estadounidense, según los expertos.