- Daños causados por huracán fueron menores
El huracán Jimena entró ayer a tierra en la península de Baja California, donde arrancó tejados, derribó postes de electricidad y vallas publicitarias, aunque también trajo la bendición de las lluvias a un Estado afectado por la sequía.
El vórtice de la tormenta tocó tierra entre Puerto San Andrecito y San Juanico, informó el Centro Nacional de Huracanes en Miami. Esa zona es escasamente poblada, aunque hay varias aldeas pesqueras. Aunque la peor parte se la llevó el pequeño poblado de Puerto San Carlos, donde se reportan severos daños.
Las ráfagas de viento y las lluvias torrenciales derribaron decenas de árboles y postes en Loreto, la ciudad-balneario más cercana a la zona donde Jimena tocó tierra, de acuerdo con Humberto Carmona, funcionario del ayuntamiento, quien estaba a cargo del centro de respuesta en casos de emergencias.
Unas 500 personas se encontraban en albergues en Loreto, que se ubica prácticamente en el costado contrario a aquél donde Jimena tocó tierra.
LOS CABOS ILESOS
Los pintorescos y exclusivos balnearios de Los Cabos, en el extremo meridional de la península, no experimentaron mayores daños durante la noche, cuando el huracán se limitó a derribar carteles publicitarios, enlodar las calles y cortar la electricidad, ni tampoco se informó de víctimas.
Al entrar a tierra, Jimena generaba vientos cercanos a los 140 kph, muy por debajo de los destructivos vientos sostenidos de más de 240 kilómetros por hora observados el martes y que colocaron a Jimena, un peligroso huracán de categoría 4.
No obstante, los vientos causaron daños en algunas casas y derribaron otras más precarias.
En Los Cabos las embarcaciones quedaron indemnes, mientras en tierra firme los trabajadores retiraron las chapas de protección de algunos comercios que se preparaban a reabrir sus puertas, mientras otros barrían las ramas de los árboles, arena y desperdicios depositados en las calles por inundaciones menores.
A varios kilómetros de Los Cabos, en Puerto San Carlos la situación era distinta. Las intensas lluvias y vientos que se hicieron sentir desde la noche del martes, dejaron decenas de casas destruidas, calles inundadas, cortes de luz, teléfono, agua potable, árboles, postes y cartelones caídos, constató un equipo de la AFP.
“Estábamos mi esposo y mis dos niñas de 3 años y 11 meses en la casa cuando me cayó toda la casa, nos refugiamos en el baño, pero el viento arrancó también la puerta de madera”, dijo a la AFP Paola Torres, de 21 años, al narrar la noche de terror que pasó en Puerto San Carlos.
Esta localidad, de poco más de 4,000 habitantes, lucía desierta el mediodía del miércoles, con la mayor parte de sus pobladores refugiados en dos escuelas habilitadas como refugios, aunque algunos empezaban a salir, aprovechando la relativa calma que da el ojo del huracán para observar los daños en sus casas.