Por el cambio. Millones de japoneses, muchos de ellos jóvenes, asistieron ayer a las urnas para poner fin a cinco décadas de gobiernos conservadores. (LA PRENSA/AFP/Yoshikazu Tsuno)

Cambio histórico en Japón

Derrota aplastante de la derecha, que gobernó por más de cinco décadas a la segunda potencia mundial [doap_box title=»Nueva política exterior» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El triunfo del Partido Demócrata de Japón (PDJ) significa también un cambio en la política exterior de la segunda potencia mundial, fuertemente influida por Estados Unidos tras su derrota en la Segunda […]

  • Derrota aplastante de la derecha, que gobernó por más de cinco décadas a la segunda potencia mundial
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El triunfo del Partido Demócrata de Japón (PDJ) significa también un cambio en la política exterior de la segunda potencia mundial, fuertemente influida por Estados Unidos tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial.

En el plano internacional, el PDJ se ha comprometido a aplicar una política más independiente de Estados Unidos, su aliado y protector con 47,000 soldados en el archipiélago.

“Es más fácil de decir que de hacer, sobre todo porque no hay consenso sobre este tema dentro del PDJ”, destaca Sadafumi Kawato, de la Universidad de Tokio.

La Casa Blanca dijo que espera alcanzar una “fuerte alianza” con el próximo gobierno de Japón. “Confiamos en que la fuerte alianza y la estrecha asociación entre nuestros dos países continúe floreciendo bajo el liderazgo del próximo gobierno en Tokio”, dijo el portavoz presidencial Robert Gibbs.

Además, aunque el PDJ manifestó su intención de acercarse a sus vecinos asiáticos, no tendrá más remedio que vérselas con una China que pronto lo desbancará como segunda potencia mundial.

Victoria del pueblo

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Tokio

El líder opositor Yukio Hatoyama, ganador de las elecciones generales en Japón por mayoría absoluta, dijo que ésta ha sido “la victoria del pueblo”. Nada más anunciar los medios que el Partido Democrático (PDJ) se había asegurado la victoria, Hatoyama agradeció a los japoneses su firme respaldo y dijo que las políticas de su futuro Gobierno pondrán “más énfasis en el pueblo”, informa EFE.

La oposición de centroizquierda arrasó en los comicios legislativos de este domingo en Japón, con un ambicioso programa de cambio social, poniendo fin a más de cinco décadas de dinastía conservadora en la segunda economía mundial.

Los japoneses votaron por el fin del reinado de la derecha en la vida política, pero al nuevo gobierno centrista le esperan desafíos colosales para poder cumplir sus promesas de metamorfosis social, señalan los analistas.

Según las estimaciones a boca de urna divulgadas por diferentes televisiones, el Partido Demócrata de Japón (PDJ), liderado por Yukio Hatoyama, obtendría entre 298 y 329 escaños de los 480 de la Cámara de Diputados. Hatoyama, de 62 años, un rico heredero de una dinastía de políticos comparada a menudo con los Kennedy, será nombrado primer ministro por el parlamento dentro de unas dos semanas.

En cambio, el todopoderoso Partido Liberal Demócrata (PLD, derecha) que gobernó durante los últimos 54 años con un breve paréntesis de diez meses en 1993-94, conseguiría entre 84 y 131 escaños, lo que equivale a una derrota aplastante. Sin esperar a conocer los resultados oficiales, que serán anunciados hoy, el primer ministro Taro Aso, de 68 años, reconoció la debacle electoral y dijo tener la intención de dejar la jefatura del PLD.

“Asumo mi responsabilidad y voy a dimitir”, afirmó. De todos modos Aso, quien últimamente batió récords de impopularidad, seguirá al frente del Gobierno hasta el nombramiento de Hatoyama.

El PDJ, un movimiento heteróclito que ya es mayoritario en el Senado gracias al apoyo de otros dos partidos de la oposición, tendrá ahora mayoría absoluta en el parlamento y por tanto vía libre para emprender su ambicioso programa de reformas. Muy sonriente, Hatoyama dio las gracias a los votantes por su apoyo y aseguró que ahora el “principal desafío será convertir esta victoria en la del pueblo, sin ser arrogante”.

La apuesta por el cambio de los japoneses es también un voto de castigo por los excesos de la política liberal aplicada por el PLD en los últimos años, a la que culpan de las crecientes desigualdades sociales, del desempleo y de la precariedad.

En contraposición, el centrista PDJ quiere poner su política “al servicio de la vida de la gente”, con un programa muy generoso en subsidios, tanto para las pensiones de vejez como para las familias y los más desfavorecidos.

Partidario de reactivar la economía a través del consumo, el partido vencedor prometió la gratuidad parcial de la enseñanza, ayudas por nacimientos y la supresión de los peajes en las autopistas.

En el ámbito diplomático, Hatoyama se decanta por un Japón más independiente de Estados Unidos y volcado en Asia, sin por ello poner en entredicho su alianza estratégica con Washington. De hecho el presidente estadounidense Barack Obama espera una “alianza fuerte” con el próximo primer ministro.

JÚBILO POR EL CAMBIO

La victoria de la oposición desencadenó un estallido de júbilo y un estruendo de aplausos en el cuartel general del PDJ, situado en Roppongi, uno de los barrios de moda de Tokio. Pero Hatoyama sabe muy bien que una vez que decaiga la exaltación empezarán las cosas serias para este joven partido que nunca ha gobernado. “Una gran responsabilidad”, confesó.

El respiro será corto. Hoy el PDJ nombrará un equipo restringido que se encargará de garantizar una transición sin sobresaltos con la Administración saliente, siguiendo el modelo estadounidense. Una ocasión para adquirir algo de experiencia.

El PLD, artífice del “milagro económico” que convirtió a Japón en la segunda potencia económica mundial, se lleva la cruz de la moneda, relegado a la oposición. Y hoy su estancia en la oposición podría ser mucho más larga que los diez meses de los años 1990, ya que tiene frente a él a un gran partido mayoritario que hará cuanto pueda para permanecer en el poder.

Dentro de este contexto es muy probable que los conservadores aprovechen para reformar el partido. Aso ya se pronunció en este sentido. “Como simple miembro, debo luchar por la renovación del PLD”, declaró tras anunciar su próxima dimisión y admitir una derrota que cierra un capítulo político en Japón.

DESAFÍOS INMENSOS

El triunfo del PDJ, más allá del júbilo por el cambio político que significa, es una prueba de fuego para la tan necesaria metamorfosis social de la segunda mayor economía del planeta, señalan algunos analistas.

“Asistimos a una transformación radical de la vida política japonesa”, estima Hideo Otake, profesor de ciencias políticas en la Universidad de mujeres de Doshita. “Es la primera vez que el jefe de la oposición conquista el puesto de primer ministro derrotando al partido en el poder en las urnas desde 1955, fecha en la que el PLD inició su reinado casi ininterrumpido de más de medio siglo en Japón”, recuerda Otake.

Sin embargo esta victoria no es más “que el principio de un camino con baches para el PDJ”, en un momento en que Japón sufre un nivel de desempleo sin precedentes e intenta salir de la recesión, advierte Hiroshi Hirano, politólogo de la Universidad Gakushuin.

“El país necesita cambios radicales, pero el PDJ no ha dado por el momento su punto de vista sobre el futuro de Japón”, explicó Takehiko Yamamoto, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Waseda. Su programa se basa en un refuerzo de los subsidios sociales, familiares y de jubilación, financiándolos mediante una “caza al despilfarro” en los gastos públicos. Unas promesas consideradas irresponsables por el PLD.

“El PDJ se verá confrontado al problema del endeudamiento” de Japón, equivalente a un 170 por ciento de su Producto Interior Bruto, según Yamamoto. Una situación agravada por el envejecimiento de la población, que podría pasar de 128 millones a unos cien millones en 2050.

Hirano está convencido de que distribuir ayudas a las familias con hijos, como prevé el PDJ, no bastará. “Habrá que esbozar una estrategia para crear empleos estables” ya que la precariedad laboral disuade a los jóvenes de procrear, explica.

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