Todos los equipos de las Ligas Mayores tienen peloteros que son conocidos como el cuarto bate, o barre bases, pero durante el tormentoso camino de la ampaña, los que no responden a las necesidades del equipo, bajan al tercer turno de la alineación o suben al quinto.
Sólo algunos privilegiados permanecen como los eternos dueños de esta posición y uno de ellos juega para los Astros de Houston. Se trata del gigante Carlos Lee, de Aguadulce, Panamá, que con sus 6,2 de altura y 240 libras, patrulla el jardín izquierdo.
El cuarto jugador en el orden de la alineación es conocido como el bateador que limpia las bases de corredores y, usualmente, es el mejor del equipo, casi siempre es el que despliega más poder. Los manejadores de beisbol tienen la tendencia de insertar a los que se embasan con frecuencia antes del turno del cuarto bate, para que éste pueda “limpiar” las bases empujándolos hacía el plato para que anoten.
Ahora, el cuarto bate también necesita tener un nivel de talento excepcional, y la habilidad de disparar los grandes imparables en situaciones especiales, digamos, con las bases llenas y dos outs en la pizarra. Lee, se pinta para sobresalir en momentos similares.
Aparece clasificado como segundo entre todos los jardineros ligamayoristas en carreras empujadas con 661 desde 2003, atrás únicamente de Manny Ramírez.
TRAS LOS CINCO GRANDES
Lee, vive en constante lucha para empujar a todo aquel que aparece en las bases y, todo parece indicar, que va por buen camino para acercarse a Eddie Muray (2,041), Fred McGriff (1,826), Willie McCovey (1,622), Willie Stargell (1,534) y Dave Winfield (1,484), los cinco grandes empujadores del beisbol moderno.
Estos impulsadores jugaron mil o más partidos como cuartos bates en sus carreras. Estos datos incluyen las temporadas de 1957 a 2008. Ramírez y Delgado, siguen activos. Lee rondaba en estos días las 1,060 empujadas.
Continuar en la persecución de impulsar un promedio de 100 carreras por temporada está constantemente en los planes de Carlos. “Claro que no hay seguridad de ese logro, porque solamente Dios lo sabe”, explicó el pelotero. “Sí logro mantenerme saludable podré trabajar duro para ayudar al equipo, a impulsar carreras y a ganar juegos, lo más que sea posible”.
Casi siempre el cuarto bate resulta con el número más alto de carreras impulsadas. En dos temporadas con los Patiblancos de Chicago y casi tres con los Astros de Houston, Carlos, aparece con 100 carreras impulsadas o más en cada una.
Todo bateador que logra esos números es pilar importante para su organización.
UN BATEADOR SERENO
Aunque Lee sea un bateador poderoso, sereno para los enfrentamientos, cauteloso, minucioso y selectivo, encuentra que los Gigantes de San Francisco tienen a un lanzador derecho que lo domina a la hora de la verdad. “El serpentinero más difícil que hemos encontrado este año, fue Tim Lincecum”, dijo Carlos sin temor a equivocarse.
“El muchacho es un artista para mezclar sus lanzamientos de curvas, rectas y cambios. Nos tiró durísimo, entre 97 y 98 millas por hora en forma consistente. Todo le rompió sobre el plato”.
Lincecum, que sus compañeros llaman el monstruo “the freak”, mediante una forma oco ortodoxa de lanzar, se las arregla para generar alta velocidad a pesar de sus cinco pies y once pulgadas de estatura y 172 libras de peso. “No solamente a mí, hizo daño a todos nosotros”.
Carlos o “El Caballo” como ya se le conoce popularmente en las mayores, es un pelotero que juega con tanta pasión como el torpedero de los Astros Miguelito Tejada. La diferencia es que a Lee, no se le ve porque no la demuestra; todo lo hace con menos espectacularidad, pero en sus adentros existe la misma emoción y agresividad. “Creo que todo eso lo llevo en la sangre”, dijo el siempre sonriente jardinero de Houston. “También es el sentimiento de victoria y luchador que uno tiene como hispanoamericano”.
EL REY DE LA PRADERA
Cuando ‘el caballo’ camina del círculo al pentágono, lo hace como si fuera el rey de la pradera, como el más ecuánime de los corceles, seguro de sí mismo, lleno de un poder explosivo y con el mentón hacía la luna. Podría llamarle el dueño de la tranquilidad. “Es difícil contestarte con precisión”, dijo con mucho titubeo. “Creo que es innato en mí no preocuparme.En vez de pensar con nerviosismo me concentro en el reto del momento”.
El secreto también está en sus muñecas y la forma como desarrolla el giro de su bate para chocar la pelota en el lanzamiento propicio. En sus once años en las mayores ha desembarcado 196 cuadrangulares y solamente tiene 32 años de edad. No lo dijo, pero creo que se especializa en ser sumamente selectivo, especialmente cuando tiene gente en bases.
He oído comentarios que Lee es un ‘caballo’ lento, pero la realidad es que no es tan lento como parece ni tan rápido como otro hombre grande llamado Andrés Gallarraga, al que le decían ‘el gato’. Carlos, no tiene la belleza de salir a buscar un batazo con el mismo estilo de Carlos Beltrán o Rick Monday, pero demuestra buen instinto para hacer fáciles las atrapadas de batazos comprometidos. Es, pues, creo yo, un corredor promedio, no un Pegaso que vuela. Solamente tiene 113 bases robadas en 11 años. Al cuarto bat no se le exige velocidad en las bases, sino poder como bateador.
El talento de Lee como bateador es muy particular del pelotero que no le importa de donde y como venga el lanzamiento, es decir, no se limita como los derechos que no pueden bien contra derechos y los zurdos que no pueden contra zurdos. En otras palabras no le importa que el lanzador tenga ocho brazos como el pulpo. Si la bola viene por el plato, la choca bien y por eso os Astros le pagan 19 millones de dólares este año, según USA Today.
“No importa de donde viene la bola porque en realidad, me da igual. Al principio, hace muchos años, yo tenía un poquito de problemas contra zurdos, pero a estas alturas, esa deficiencia está corregida”. En esta forma, Carlos, demuestra ser un cuarto bate sin limitaciones.