Es una pena cómo el prestigio que el beisbol de Grandes Ligas se ha construido a través de la historia se esté desbaratando a pellizcos debido a la falta de valentía para abordar con seriedad el asunto del consumo de esteroides, cuyas raíces no terminan de erradicarse.
Ahora se han revelado los nombres de David Ortiz y Manny Ramírez como parte de la lista de 104 peloteros que dieron positivos en una prueba exploratoria sobre el consumo de drogas que ayudan a mejorar el desempeño, realizada en el 2003 y que sería manejada en secreto.
Y la verdad es que, aunque ya se nos agotó la capacidad de asombro, ingenuamente siempre estamos pensando en que fulano no lo hizo, que zutano es diferente a los demás, pero al final, volvemos a rebotar contra la realidad. La mayoría de jugadores lo hicieron.
El problema es la forma como el problema ha sido abordado, o por qué no se aborda en realidad.
El comisionado Bud Selig se sigue haciendo el sueco y los dirigentes de la Asociación de Jugadores, al igual que muchos dueños de equipos, que ya sabían de la epidemia, se hacen los sorprendidos.
Ya nada nos sorprende. Si no recuerden que Rafael Palmeiro fue al Congreso a decir que jamás había consumido esteroides, sólo para salir por la puerta falsa después. O Alex Rodríguez, quien se quiso mostrar como el limpio, pero al final terminó salpicado por sus trampas.
“A mí no me molesta que me hagan pruebas, total, lo que van a encontrar siempre son habichuelas”, dijo en varias ocasiones Ortiz, el último de los jugadores asociados a la lista de 104 “pegados”, porque lo de Ramírez ya era del conocimiento público. Pero es curioso, ya Ortiz no era el mismo.
Aquí lo que queda es que la oficina del Comisionado y la Asociación de Peloteros den el paso al frente que las circunstancias exigen: revelar todos los nombres, acabar con el circo y trabajar para reconstruir el prestigio del beisbol, que se va afectando de grano en grano.
Mientras eso no suceda, todos los peloteros que han jugado en esta época están bajo sospecha.
De modo que hasta por un acto de justicia, por aquellos que han sido honestos, debería revelarse la lista.