Román González y Katsunari Takayama se conectan a la vez. ()

Ganó con una paliza

El “Chocolatito” con su segunda defensa de la corona mínima [doap_box title=»Sigue invicto» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Con este claro triunfo conseguido ayer por la noche en Kobe, Japón (mañana en Nicaragua), Román González mejoró su récord a 24-0, con 20 nocauts. En cambio, Katsunari Takayama cayó a 23-4. Fue la segunda defensa de la corona que […]

  • El “Chocolatito” con su segunda defensa de la corona mínima
[doap_box title=»Sigue invicto» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Con este claro triunfo conseguido ayer por la noche en Kobe, Japón (mañana en Nicaragua), Román González mejoró su récord a 24-0, con 20 nocauts.

En cambio, Katsunari Takayama cayó a 23-4. Fue la segunda defensa de la corona que el pinolero ganó en septiembre del año pasado, cuando noqueó al ex campeón Yutaka Niida.

Acompañado de su equipo de trabajo, González tiene previsto llegar este jueves a Nicaragua, precisamente un día antes de celebrar su cumpleaños 22.

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  • ESPECIAL PARA LA PRENSA/ KOBE, JAPÓN

    El púgil nicaragüense Román “Chocolatito” González no pudo noquear ayer al retador japonés Katsunari Takayama, pero retuvo la corona mínima de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), tras vencerlo por decisión unánime (118-110 en las tres tarjetas), en un combate de una sola cara.

    González le propinó a Takayama una paliza, marcada por la velocidad de piernas que el nipón imprimió al combate, y los fuertes golpes en ganchos a las zonas blandas y poderosos rectos arriba, conectados por el peleador nicaragüense, que neutralizaron al boxeador asiático.

    A ratos, el público local se emocionaba cuando Takayama arremetía de forma suicida, como un verdadero kamikaze, contra el campeón, iniciando los asaltos corriendo de manera imprevista para salirle al paso al “Chocolatito” y conectando una seguidilla de golpes arriba, de los cuales la mayoría terminaba en los guantes o antebrazos del campeón, quien tomó el control de la pelea desde el propio primer asalto.

    En un inicio, Takayama retó a González combatiendo en la línea interior, pero la reacción inmediata de Román, conectando la zurda en gancho al hígado, la misma zurda en cruzado y la derecha en recto a la cabeza de Takayama, obligó a éste a montarse en la bicicleta, para evitar el daño.

    En el tercer asalto, Takayama casi logra su objetivo, ya que Román, aún sin acomodarse en la distancia, falló muchos golpes, algo que además ocurrió muchas veces en la pelea y por lo que el nica se desgastó mucho.

    Pero González se ordenó pronto en ese tercer round y a partir del final del capítulo sus movimientos se enrumbaron a cortar ring, a cerrar las salidas del oponente, para luego castigarlo con poder abajo y arriba, obligándolo a los amarres constantes.

    Los golpes conectados por el “Chocolatito” causaban mucho estrago en la humanidad de Takayama, y aunque a ratos parecía que el japonés llegaba a su final, siempre pudo mantener la vertical gracias a que sus movimientos elásticos le ayudaron a amortiguar los golpes lanzados por el nicaragüense.

    Daba la impresión que la pelea se la podían parar a Takayama por la doble cortada sufrida en la ceja izquierda a la altura del sexto asalto, sin embargo, el réferi, Silvestre Abainza, solamente ordenó al médico del ring en par de ocasiones revisar la cortada del nipón y, tras recibir el visto bueno del galeno, ordenó a los peleadores continuar con la refriega.

    Pero, por encima de todo, es justo reconocer la valentía, el corazón y las buenas condiciones físicas presentadas por Takayama, ya que desde el inicio de la pelea se movió como una gimnasta sobre el ring, soportó el castigo que hubiese tumbado a diez peleadores la misma noche.

    A la altura del noveno round, el nicaragüense sufrió una ligera lesión en su mano que en el resto del pleito le impidió poder resolver de una vez y de forma contundente la reyerta.

    El filipino Abainza, réferi del combate, fue muy condescendiente con Takayama, ya que después de la revisión que ordenara al médico del ring en el sexto asalto, no ahondó en el asunto en el resto del combate, a pesar de que incluso ameritaba detener el combate, ya que el brote de sangre de la cortada manaba de forma grotesca.

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