Ernesto González Valdés

Su hijo puede ser de la barra de atrás. Lo mejor es estar pendiente La barra de atrás Hace varios años escribí, justamente, una columna con este mismo nombre. ¿Por qué otra vez?, se preguntará. Simple, por la existencia de un catalizador, como es la Tecnología de la Información y la Comunicación y en particular: […]

Su hijo puede ser de la barra de atrás. Lo mejor es estar pendiente

La barra de atrás

Hace varios años escribí, justamente, una columna con este mismo nombre. ¿Por qué otra vez?, se preguntará. Simple, por la existencia de un catalizador, como es la Tecnología de la Información y la Comunicación y en particular: la computadora. Pregunta: ¿Qué significado encontramos en nuestro amigo el diccionario sobre la palabra barra? veamos algunos.

Primero. Barandilla que, en la sala donde un tribunal, corporación o asamblea celebra sus sesiones, separa el lugar destinado al público. (éste no) Segundo. Pieza de pan de forma alargada. (éste tampoco) Tercero. Mostrador de un bar o establecimiento semejante. (tampoco) Cuarto. Público que asiste a las sesiones de un tribunal, asamblea o corporación. (se va acercando) Quinto. Conjunto de seguidores de un partido político. (caliente) Sexto. Grupo duradero de amigos que comparten intereses comunes y suelen frecuentar los mismos lugares (goooool), al cual le añado, los estudiantes que se sientan al final del aula, casi “pegados” a la pared, que favorablemente son menos.

Estos estudiantes suelen tener una conducta no propia, no adecuada y poco coherente de a como debe de ser, partiendo que se sientan “distante” del docente, más allá del diseño del aula y por otra parte de la cantidad de estudiantes, en función de la capacidad real del local. Además, están al tanto de lo que sucede fuera de la clase, de lo que pasa en el pasillo. Es responsabilidad del docente hacer llamar la atención a aquéllos que no atienden, ni participan, cualquiera sea su “posición geográfica” dentro del aula, así como buscar metodologías de participación del estudiantado, que “sumen y no resten”.

Hace poco miraba una película, en la cual el ciento por ciento de los estudiantes disponían de computadoras personales y utilizaban la misma para anotar, a la par que el docente utilizaba modelos referentes al sistema solar. Todos los estudiantes atendían, espero que no sea un truco de la película, ya que los estudiantes traviesos no salían.

¿Y cuál es nuestra realidad? En nuestras aulas universitarias puede ser que el porcentaje de estudiantes que usan computadoras portátiles oscile entre el 10 al 20 por ciento, realmente bajo, dado los altos costos de las mismas, pero la problemática radica en si hacen uso correcto de las computadoras. Imagino que algunos sí, pero otros , no lo dudo, además lo he comprobado, que lo que suelen hacer es “navegar” ¿Justificable? por supuesto que no. El resultado se reflejará en los exámenes.

Nota: lo que cuento es real, nada de imaginación. Varios de mis discípulos han sido descubiertos “in fraganti”. Lo otro, antes de concluir, es que años atrás cuando íbamos a aplicar una evaluación anunciada decíamos “por favor cierren los cuadernos y textos y pasamos a la evaluación”. Los tiempos modernos nos exigen: “Por favor cierren computadoras y …” Por cierto, ¿sabe dónde se sienta su hijo o hija en clase, estimado padre de familia.

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