- Especialista asegura que no hubo golpe de Estado, sino transición provocada por los delitos de Zelaya
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El catedrático e investigador de temas de Defensa y Seguridad, Carlos Barrachina Lisón, asegura que lo ocurrido en Honduras no fue un golpe de Estado clásico, sino la reacción lógica de dos poderes (Judicial y Legislativo) ante los delitos cometidos por el presidente Manuel Zelaya.
En una conferencia en Managua lamentó que la Organización de Estados Americanos (OEA) haya cometido otro “error histórico”, tratando de ayudar, y recordó que la crisis actual de Honduras fue pronosticada en el 2004 por la Organización de Naciones Unidas (ONU) y nadie prestó atención al anuncio.
Recomendó a las autoridades de Honduras y Nicaragua aprovechar el momento para hacer las reformas necesarias a sus sistemas.
Barrachina, de origen español, presentó su libro Democracias en transición en Honduras y Nicaragua, gobernabilidad, seguridad y defensa, en el que expone que los sistemas políticos de Honduras y Nicaragua presentan una serie de características que conspiran contra la consolidación de la democracia y que las élites políticas se niegan a reformar, a pesar del daño que provocan.
Entre las características menciona la tradición autoritaria, que hace pensar a los gobernantes que el país es “su rancho”; el presidencialismo duro que se niega a negociar con los otros poderes y la negativa de reconocer que existen, para que haya equilibrio.
También los poderes del Estado sin independencia, por causa de la politización; la falta de voluntad para reformar los sistemas, caudillos que no administran instituciones sino expectativas; y una “fiebre” por transformar las constituciones para dejarlas a la medida del gobernante.
ESQUEMA SE REPITE EN AMÉRICA LATINA
Barrachina añadió que, sin importar si el gobernante es de derecha o de izquierda, las características son las mismas y se repiten en varios países de América Latina.
Considera que, en el caso de Honduras, lo que ocurrió fue que el pueblo se cansó de lo que estaba ocurriendo y reaccionó junto a los otros poderes del país, por lo que a su criterio no hubo un golpe de Estado clásico, sino una reacción del Poder Judicial, avalada por el Poder Legislativo; y que la transición fue apegada a la ley, por lo que contó con el apoyo de gran parte de la población.
“Lo que ocurre es que el sistema es tan arcaico y cerrado que hace tres años se eliminó la posibilidad de hacer un juicio político, por eso los juristas hicieron una interpretación muy forzada de la ley, para hacer funcionar el mecanismo de sucesión presidencial establecido en la Constitución”, explicó Barrachina.
Defendió la participación del Ejercito hondureño en la transición del poder, por considerarla apegada a la ley, ya que sólo cumplió el mandato de la Corte Suprema de Justicia, que de consenso ordenó remover de su cargo al presidente Zelaya y luego se retiró, para permitir que el Poder Legislativo cumpliera con su deber, que era asumir el poder a falta del gobernante.
Sin embargo, el especialista reconoce que los militares cometieron un error al sacarlo del país, y considera que son ellos quienes deben asumir las consecuencias ya que, por declaraciones de los altos mandos, se supo que fue una medida autónoma tomada por la institución.
ONU ADVIRTIÓ
Agregó que otro culpable es el propio presidente Zelaya, por mantener vigente la decisión de su antecesor Ricardo Maduro, de involucrar a los militares en asuntos de orden público. Eso “es un error y que los militares no quieren, porque están desgastados y temen caer en el desprestigio y el descrédito”, explicó Barrachina.
El libro del catedrático español, radicado en México, está basado en una investigación realizada hace más de dos años, y él asegura que la situación que viven actualmente los hondureños no le sorprende, ya que en el 2004 la Organización de Naciones Unidas (ONU) advirtió que, por las características del sistema, eso podría ocurrir y en aquel momento nadie prestó atención a la advertencia.
Espera que ahora, cuando una de las pocas cosas que se pueden predecir es que Manuel Zelaya no regresará al poder, tanto Honduras como Nicaragua aprovechen la oportunidad y realicen los cambios necesarios en sus sistemas, porque mientras exista caciquismo (dar dinero a las clientelas), autoritarismo, y no haya independencia en los poderes del Estado, la democracia seguirá empantanada y será latente el peligro de que los militares vuelvan a demostrar que siguen siendo una fuerza de poder.
“Lo que se necesita es que hayan reglas que no dependan de las personas, es decir que el Estado sea neutro, para que el caudillo no imponga sus caprichos y que el resto de poderes sean fuertes”, recomendó.