- Ballet Nacional de Cuba impresionó
Cuando al final del espectáculo, Alicia Alonso llegó al escenario, apoyada en dos bailarines, el público que asistió a la gala del Ballet Nacional de Cuba comenzó a aplaudir frenéticamente, sin descanso, durante varios minutos sólo se oyeron ovaciones y gritos.
Fue el homenaje que los nicaragüenses ofrecieron a esa leyenda viva de la danza que aún continúa entregada al ballet, en su labor de maestra, directora y alma inspiradora de la escuela cubana de ballet.
El público derramaba sus aplausos sobre ella y el recuerdo de sus magistrales interpretaciones de Giselle, El Lago de los Cisnes y Carmen, por sólo mencionar tres obras que ella enriqueció con su magistral talento.
Sin embargo, el grupo de bailarines que esa noche habían ejecutado algunas piezas del repertorio clásico y moderno, no lograron impactar de igual manera, salvo honrosas excepciones que después mencionaremos.
Muchos de los bailarines se mostraban más preocupados por la ejecución de la técnica y descuidaban la actuación, como sucedió con el torero de El Quijote de José Losada, al cual le faltó más garbo, más presteza en su rol, al igual que su amante (Yanela Piñeira).
En realidad Don Quijote fue lo mejor de la noche, junto a Shakti, porque los problemas se vieron fundamentalmente en el inicio, cuando el bailarín Yadil Suárez cayó mal al término de un giro y tuvo varias imprecisiones más.
También hubo falta de sincronización en cuatro bailarines que debían hacer la coreografía juntos, se vieron desorganizados, tal vez tratando de sobresalir más que otros, lo que atentó contra el acoplamiento al unísono que debían lograr.
Shakti fue una hermosa ejecución, llena de plasticidad, donde Sadaise Arencibia y Javier Torres nos muestran la conjunción inseparable de Shiva y Shakti, con sus cuatro manos él y ella como su complemento que se funde a través del amor, del sexo.
Con el pax de deus de El Lago de los Cisnes volvió la calidad a imponerse en la escena, aunque el trabajo de las luces tuvo sus deficiencias.
MARAVILLOSOS EN ESCENA
Fue en Don Quijote donde comenzaron a aumentar los aplausos cuando Anette Delgado y Alejandro Virelles comenzaron a demostrar sus habilidades, hubo saltos, giros, deslizamientos, fouettés y ellos se veían maravillosos en escena, dando la alegría que se necesitaba y que el resto del elenco no pudo imprimir, les faltó el aire de festividad contagiosa que debían imprimir el andaluz Espada y su amante Mercedes, y que no lograron.
Fue una noche hermosa, estos jóvenes aún deben seguir fogueándose para alcanzar los niveles de calidad que siempre han caracterizado al Ballet Nacional de Cuba, y que el público supo reconocer esa noche cuando tributó uno de los aplausos más sostenidos y ardorosos —que he escuchado— para esa leyenda viva de la danza que aún continúa formando nuevos bailarines, retoños que como Annette, Alejando, Sadaise y Javier ya están floreciendo al mundo como bailarines con vigor y talento. Valió la pena, sí, fue una noche para el recuerdo y el disfrute estético.