- Everth Cabrera luce bien
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Veintitrés juegos en las Grandes Ligas no son un parámetro para medir el futuro de un pelotero. Ni siquiera lo es una temporada completa. La historia está llena de impactos fugaces.
No obstante, cuando solamente se han tenido 10 jugadores en el mejor beisbol del mundo, es imposible dejar de hacer cálculos y estar pendiente de cada línea que se escribe sobre el pelotero, sobre todo cuando está registrando un alentador inicio de carrera, como es el caso del short stop nandaimeño de los Padres de San Diego, Everth Cabrera.
La última vez que se le vio jugar en Nicaragua, era un chavalo físicamente frágil, aún aprendiendo a batear del perfil zurdo para aprovechar más su velocidad y jugando con el Bóer en la última Liga Profesional; cometió un par de errores graciosos, como cuando fildeando un roletazo se le metió la pelota dentro de la camisa.
El Cabrera de hoy en día es un pelotero que ha trabajado duro para llegar hasta donde está. Físicamente es un tipo fuerte que en las prácticas de bateo previo a los juegos choca con propiedad a la pelota y bota algunas de vez en cuando. Anoche mismo arrimó una a las graderías del jardín derecho y en la pasada serie contra los Dodgers, Manny Ramírez corrió a lo profundo del bosque izquierdo para atrapar un batazo del nica.
Everth es un jugador inteligente que ha aprovechado al máximo las oportunidades y ha ido aprendiendo los secretos del juego. Durante estuvo lesionado, llamó la atención que todo el tiempo estuvo cerca del mánager y los entrenadores pendiente de cada movimiento. Tiene un sexto sentido para el beisbol, destacaron los scouts cuando lo tomaron en el draft de la Regla 5.
Defensivamente no había jugado el campo corto desde que llegó a los Estados Unidos en el 2006, pero en la segunda mitad de la temporada del 2008 en Clase A, jugó el short stop con Asheville cuando se lesionó el titular, y Cabrera mostró un amplio rango de cobertura y un potente brazo para sacar out desde cualquier ángulo que tome la pelota. Aún le falta frenar un poco su ansiedad para ganar seguridad.
Lo mejor de todo es su velocidad. Durante los últimos años ha trabajado en mejorarla con ejercicios especiales en el receso de la temporada. Sus 73 robos el año pasado fueron su vitrina.
El robo de base es un arte, no sólo es velocidad pura. El saber cuánto terreno tomar en la base, estudiar los movimientos del lanzador y la velocidad con que el receptor saca la bola de su guante y lanza a la base, es la especialidad de Cabrera. Demostrar su capacidad para robar bases a receptores de Grandes Ligas durante el spring training le sirvió para que el mánager Bud Black le diera vía libre.
Cabrera no sólo tiene las herramientas para establecerse, también su cabeza parece estar en el lugar correcto, con su madre, Xiomara Membreño, como principal soporte.
Con apenas 22 años de edad y la motivación de superarse en la vida, “tiene un gran chance de llegar a ser alguien especial”, como recientemente lo dijo a los periodistas su compañero de equipo, David Eckstein.