Oviedo, ejemplo

No creo que con persignarse un bateador tenga más oportunidades de conectar un hit que otro que no lo hace. De hecho, discrepo con esas excesivas demostraciones de religiosidad que se han vuelto comunes en el deporte en todas sus escalas. Más bien aprecio a aquellos deportistas que recurren a la religión, sea cual sea, […]

No creo que con persignarse un bateador tenga más oportunidades de conectar un hit que otro que no lo hace. De hecho, discrepo con esas excesivas demostraciones de religiosidad que se han vuelto comunes en el deporte en todas sus escalas. Más bien aprecio a aquellos deportistas que recurren a la religión, sea cual sea, para cambiar sus vidas y luego recogen los frutos de su nueva siembra.

A Mariano Rivera nunca se le ha visto con esos gestos colosales agradeciendo a Dios por un nuevo partido salvado. Igual que Denis Martínez, el panameño ora antes de hacer su primer disparo y luego se dedica a competir. Y como ha escrito Howard Bryan, de ESPN, cuando logra su cometido, no pasa de un saludo formal con su receptor, diferente a la mayoría de relevistas que hacen escandalosos ademanes.

Juan Oviedo es de esos deportistas que viven su cristianismo en lugar de exhibirlo ante el público a través de gestos religiosos. Sus compañeros lo ven como un ejemplo y desde su conversión ha tratado de alentarlos y motivarlos a todos hacia una nueva forma de vivir, mientras corta cadenas que ha heredado de sus ancestros. Tiene fallas, como todo ser humano, pero es ahora un hombre distinto, renovado.

Oviedo es también un mejor bateador que antes. Ha aprendido a aprovechar el tiempo preparándose para elevar su nivel de juego, en lugar de despilfarrarlo en actividades poco productivas como los vicios y la holgazanería que no lo llevaron a ningún lado. Su promedio de .420 (262-110) fue el mejor en el actual torneo y Estelí marchó a su ritmo para dejar en claro que fue su jugador más valioso.

En el pasado, Juan era un bateador con muchos huecos en su mecánica, que además se volvía loco cuando lo llevaban a la cuenta de dos strikes. Ahora fue un problema dominarlo, y más aún, poncharlo. Sólo abanicó la brisa 11 veces en 262 chances, es decir, un ponche cada 24 turnos. Incluso en esto fue mejor que Jimmy, quien cerró con .413 (259-107) y se ponchó 12 veces, uno cada 22 turnos.

Oviedo fue el máximo empujador (67) y hiteador (110) del campeonato. Dio un salto extraordinario. Y se ha ganado el respeto de todos en el campo, pero también fuera del terreno de juego, que es donde importa.

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